tribuna

Claves de la gincana electoral

Por exigencia del guion, no sé si decir que, en obligado turno de oficio, los políticos de Madrid cruzan estos días el desfiladero de Pancorbo hacia el País Vasco para participar en la recta de meta de la campaña electoral, disimulando su irrelevancia en un escenario en el que el PNV y EH Bildu dejan poco espacio a los no nacionalistas. El partido de Pedro Sánchez puede seguir siendo el báculo del ganador. Después de este proceso electoral, que recordaremos por haber coincidido con el fallecimiento del exlehendakari José Antonio Ardanza y con la apoteósica celebración del triunfo del Athletic en la Copa del Rey, el calendario nos reserva aún otras dos elecciones antes del verano. El 12 de mayo, se votará en Cataluña y, el 9 de junio, lo haremos todos para elegir diputados del Parlamento Europeo.

Contemplado a vista de pájaro el recorrido completo de la gincana electoral, se puede adelantar, sin demasiado riesgo de error, que el PSOE, tercera fuerza en Galicia, lo será también en el Parlamento de Vitoria, donde sus votos pueden decidir quién gobierna, ganará en Cataluña y disputará el triunfo al PP en las europeas. El PP tendrá previsiblemente un resultado manifiestamente mejorable en el País Vasco y Cataluña y parte con ventaja sobre los socialistas en las elecciones al Parlamento Europeo.

Y en el ámbito vasco, a pesar de la incertidumbre que genera la subida de EH Bildu que anuncian los sondeos, la intención manifestada por los candidatos apunta a que habrá continuidad en el gobierno. Salvo catástrofe, lo hará el PNV con el apoyo socialista, como ahora. El PSOE podría tener otra opción e intentar (el viejo sueño de Pablo Iglesias) hacer mayoría con EH Bildu y los divididos y escuálidos partidos de la izquierda, pero los socialistas no quieren inquietar a la oligarquía vasca y EH Bildu ha apostado por el crecimiento tranquilo, por arañar voto joven y volcarse en Navarra, donde tienen mayor implantación que Geroa Bai (PNV), con el propósito de activar la disposición transitoria cuarta de la Constitución e integrar a la Comunidad Foral en Euskadi.

PNV y EH Bildu mantienen sus posiciones identitarias, pero, por lo bajini, debido al enfriamiento independentista que reflejan las encuestas. A la fuerza ahorcan. La exigencia del reconocimiento de Euskadi como nación y la relación bilateral con el Estado, que figura en las propuestas de los partidos abertzales, quedan opacadas detrás de unos programas ceñidos a lo que entienden que son los intereses de los ciudadanos: empleo, vivienda, educación, sanidad… que es lo que necesita una sociedad que aún no se ha repuesto de la crisis de 2008 y que, además, se esfuerza en pasar página de los años de plomo.

El ambiente de la campaña es muy diferente al de anteriores comicios, pero, detrás de la careta electoral de los candidatos, están los rostros y las posiciones de antaño. Aunque EH Bildu ha renovado el perfil de sus candidatos y asegura, con cara de no haber roto un plato, que ahora hay que hacer las cosas de otra manera y que es el tiempo de colaborar y entenderse (arrepentidos los quiere el Señor), los bracmanes del PNV mantienen alta la desconfianza y han hecho candidaturas sorpresa a la medida de lo que requiere medirse con sus principales adversarios, a los que todavía ven, y en esto coinciden con el candidato socialista y con los dirigentes del PP, como lobos con piel de cordero.

Contrasta la ralentización del programa independentista vasco con el apresuramiento de los políticos catalanes, empeñados en competir para ver quién llama más la atención y se lo pone más difícil a Pedro Sánchez. Parece que ERC y Junts (viejos enemigos íntimos) necesitan quemar ya todas las bazas por la independencia -ahora o nunca- antes de que el pueblo catalán los mande al rincón de pensar. Tienen el temor fundado de que Salvador Illa y el PSC, que ha reconectado con los asuntos relativos a la vida y preocupaciones de los catalanes, les coloque en la bancada de la oposición.

En junio, gracias al sistema de circunscripción única de las elecciones europeas, con una participación de alrededor de 25 millones de electores (70% del censo), tendremos el retrato más completo de las preferencias políticas del conjunto de los españoles. No hay encuesta mejor. Cualquiera que sea el resultado, el gobierno de Sánchez seguirá dependiendo de los socios de la variopinta y frágil mayoría parlamentaria.

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