después del paréntesis

Historia de una dimisión

Pongamos que el mundo confirma que ser presidente de un país es la cumbre de quienes ansían el poder. Eso es lo que acusa la derecha en España; una derecha capaz de llegar a las más próvidas trampas para investir a un candidato que, por lo que se acusa, es imposible elegir. Pero se constata. Y lo que se constata entre la derecha dicha y la extrema derecha manifiesta es que todo vale. Desde desarmar al líder de los contrarios como enemigo con patrañas sobre su personalidad, sobre su gestión, que pacta con los traidores de la nación que son los independentistas o que, por lo mismo, la patria tiene solo el referente de los suyos porque se les ha ido de las manos, etc., etc. Y ahí, en ese punto, lo que rodea al líder tal, que los tiene arrinconados y no hay manera. No hay manera por lo que hace aquí o por lo que hace fuera de aquí en consecuencia. Por ejemplo, el papel de este político, el máximo representante del Estado, en relación a la guerra de Israel contra Palestina y lo que ello comporta; no solo tregua, sino reconocimiento de Palestina como Estado. O lo que es lo mismo: un modelo de gobierno legítimo al que los susodichos han de denostar. Por una cuestión que los aludidos de la derecha y de la ultraderecha sentencian y sancionan: en este país no caben gobiernos de izquierda. Esos gobiernos han sido y son ilegítimos porque este país es de derechas y, como proclama la prensa al uso o el Feijoo de turno, los gobiernos han de ser correspondientes con lo que los fieles revalidan, habrase visto. De manera que ellos son los que fijan las relaciones parlamentarias de los grupos que consiguen representación, ellos son los que precisan la capacidad de pactar de esos grupos democráticamente consolidados. Es decir, a los dichos partidos independentistas no solo hay que ponerles trabas, arrinconarlos en el oscuro y en el silencio en el Parlamento, sino hacerlos claudicar en la gestión justa. ¿Pacto del Psoe con Erc o con Junts o con Bildu? Imposible. La democracia hecha conforme a su tono no lo tolera. Y han de corregirlo, si pueden, porque el dirigente de los otros tiene pecho y ese es el problema. Luego a la grupa. Y ahí la esposa de Pedro Sánchez por supuestos que no lo son y que, según la ultraderecha en cuestión, tiene que ver con la corrupción de algún tardo exmiembro del PSOE. El juez capacitado así lo considera y en ello andamos. De modo que a los títeres de la inopia no se les podría restregar por las narices lo que se les restregó, que alguien estime que, ante la convivencia y el cariño, la Presidencia del Gobierno no vale la pena. Y eso los dejó tirados por los suelos. Porque, de ese modo, se revela su alboroto: ante la ética, flaquezas, y ante la dignidad, quebrantos.

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