Uno de los acontecimientos más impactantes, de entre los múltiples que se dieron en los casi cien años que se tardó en completar la conquista de las Islas Canarias por los europeos (1402-1496), fue la Batalla de Acentejo. La considerada como la mayor derrota sufrida por el incipiente Imperio Hispánico en su expansión territorial comenzó con un ejército formado por castellanos y tropas auxiliares de aborígenes: canarios, gomeros y guanches de los llamados bandos de paces (los menceyatos de Anaga, Güímar, Abona y Adeje). Según las crónicas, las huestes conquistadoras sumaban entre 1.500 y 1.900 peones, más 160 jinetes. Acabaron padeciendo un desbarato casi total.
Sin embargo, no hay certezas, ni del exacto lugar, ni de la fecha en que aconteció. Llama la atención que, cuando en la práctica totalidad de las empresas de conquista iniciadas en América se contaba siempre con cronistas y escribanos que acompañaban a la cruz y a la espada, siendo prolijos en detalles, sin embargo, no nos hayan llegado vestigios de la data precisa de aquellos acontecimientos.
Careciendo de narraciones coetáneas con los hechos, quizá no porque no se recogieran, sino porque ratones, moho o incendios se habrán encargado de hacerlas desaparecer, los historiadores han barajado diversas teorías. La recua de fechas que se han justificado han sido: 1, 4, 6, 22, 25, 26 o 31 de mayo e, incluso, 1 u 8 de junio, todas de 1494.
La teoría que parece más interesante era la que defendía el regidor del Cabildo José Anchieta Alarcón (1705-1767), quien sostenía que la batalla habría tenido lugar “a los dos días del Corpus (de 1494)”, que coincidió con el 29 de mayo, por lo que la contienda tendría que haber sucedido el día 31. Como la crónica era imprecisa, el historiador lagunero Manuel de Ossuna van der Heede (1845-1921), un siglo después, quiso ser más concreto. Logró hacerse con las fechas móviles del calendario católico de aquel 1494, concluyendo que el Corpus tuvo lugar el 22 de mayo, lo que trasladaba la refriega al 24. Seguíamos con las conjeturas e imprecisiones.
Pero se puede aprovechar la explicación de esta aproximación para conocer el porqué la Semana Santa o el Corpus son fiestas móviles de la religión católica que cambian cada año. La explicación está en el calendario lunar y solar con el que se calcula anualmente la fecha de la Semana Santa. Se determina mediante un cálculo que combina ese calendario y que se viene aplicando desde el Concilio de Nicea, del año 325 d. de J. C.
Curiosamente, las otras dos grandes religiones monoteístas también se basan en el calendario lunar para precisar sus principales fiestas. Pascua judía y Ramadán hacen depender sus celebraciones de cálculos astronómicos.
Es complicado de explicar. Pero sería algo así: la Semana Santa se celebra el primer domingo después de la primera luna llena que sigue al equinoccio de primavera en el hemisferio norte. Pero ahí no queda la cosa. Luego, la propia Iglesia utiliza unas tablas lunares que ajustan la fecha, para que no coincida con la Pascua judía. Después, se cuenta hacia atrás desde la fecha de Pascua, para determinar los días del Domingo de Ramos y el Domingo de Resurrección. Y, como no hay dos sin tres, el calendario juliano que usan las iglesias ortodoxas y el gregoriano que utilizan las cristianas para corregir el desfase del calendario juliano con las estaciones lo vienen a complicar todo. En definitiva, que yo tampoco tengo idea.
*Abogado e historiador
