tribuna

Canarias pagó el tributo más ultrajante de la historia

Cuando nos dicen que una comunidad autónoma, en pleno S. XXI, pretende una financiación singular atendidas no sé qué peculiaridades históricas y geográficas, que la hacen merecedora de un trato fiscal impropio de la época en que vivimos. Cuando, a pesar de haber sido uno de los dos territorios mejor tratados por los gobiernos nacionales en el último siglo pretende ahora que el resto de los compatriotas, trabajando como hormigas, le paguen las deudas contraídas a base de financiar con deuda pública su vida de cigarras, en estos casos, no hay mejor defensa para tanto argumento ignominioso para la inteligencia que poner sobre la mesa incontestables hechos históricos.


De las múltiples formas de abusos fiscales, no se me ocurre una más denigrante que la que gravó durante un siglo el comercio canario-americano. El llamado “tributo en sangre”, íntegramente sufragado por los hijos más pobres y desgraciados que han dado estas tierras. Canarias ha sido el único lugar de Occidente que ha pagado un tributo en seres humanos.
En 1503, tan solo once años después del descubrimiento de América para Occidente, se establece la llamada Casa de Contratación de Sevilla, con el fin de organizar, en régimen de monopolio, el comercio de la España peninsular con las nuevas posesiones de ultramar. Su vocación fundacional era controlar, de manera centralizada, tanto el flujo de mercancías como el de personas.


Para un comerciante canario esto suponía un doble costo si quería vender sus productos (principalmente vino), en tierras de la España americana, puesto que tenía que llevarlos primero a Sevilla y allí, previo cumplimiento de las obligaciones burocráticas y fiscales correspondientes, obtener los permisos de carga que le permitiesen llevar sus productos a América, abonando también el costoso impuesto de avería, que les permitía ir escoltados por barcos militares para evitar los ataques piráticos.


Como forma de exceptuar estas obligaciones, se permitió por Real Cédula de 25.05.1678 que la oligarquía comerciante canaria pudiera eludir el obligatorio paso por Sevilla y negociase directamente con la América Española. El tributo a pagar consistió en que, por cada 100 toneladas de mercancía, con un máximo inicial de 600 por año, incrementadas hasta las 1.000 Tn. un siglo después, tuviesen que ir cinco familias de, al menos, cinco miembros cada una. El fin último, era repoblar los territorios españoles más pobres en recursos y, por ende, más desguarnecidos y propensos a los ataques de los por aquel entonces enemigos fronterizos de España en América: Portugal, Inglaterra y Francia.


Se comenzó por Puerto Rico, continuaron Santo Domingo y Cuba, luego zonas de los actuales estados norteamericanos de: Florida, Luisiana y Texas, y hasta en el Uruguay. A todos estos lugares, los menos agraciados del Imperio, se enviaban familias canarias en un viaje definitivo.


Había que enviar sangre, seres humanos a ese continente si se quería negociar con América. Este tributo, que finaliza en 1775 cuando se abre el comercio con el Nuevo Mundo, forma parte del acervo histórico de nuestro Régimen Económico y Fiscal, que arranca en el S. XV y no precisamente por privilegios.


Si a esto se le unen las levas de soldados canarios, también obligadas durante siglos, no nos resultaría dificultoso poner sobre la mesa nuestros argumentos para mostrar lo que es una verdadera financiación singular sustentada en realidades y no en egoísmos artificiales.

*Abogado e historiador