En el momento álgido de la canícula lo mejor que puedo desearle es que tenga usted buena salud, porque estos días en los hospitales y centros de atención primaria de la sanidad pública hay menos personal de lo habitual y parece que no encuentran facultativos que sustituyan de manera razonable a los que están de vacaciones, lo que agrava el malestar por la situación de la sanidad, que decíamos que era la mejor del mundo. El título, que va como anillo al dedo al contenido de estas líneas, lo he tomado de un soneto del poeta sevillano del siglo de oro Gutierre de Cetina.
Los problemas de la sanidad son objeto de análisis y debate en foros profesionales y ciudadanos que producen declaraciones, comunicados e informes que repiten la salmodia de que ésta o aquella comunidad autónoma dedica a sanidad más o menos recursos que otras, que la atención primaria está dejada de la mano de dios, que falta personal, que los médicos están mal pagados. Incluso se cuestiona el modelo, el acceso universal y gratuito a la salud financiado a través de los presupuestos generales del Estado, que es el mismo sistema que tienen países occidentales como Italia, Finlandia, Dinamarca o Portugal.
Otros, como Francia, Bélgica o Alemania, tienen una estructura mutualista que garantiza la asistencia sanitaria a los empleados que cotizan y el Estado cubre como beneficencia a los desempleados. Fuera de estos sistemas solo quedan el que tienen Cuba y Corea del Norte, todo financiado por el Estado, y el de EE.UU., en el que solo hay recursos públicos para una ineficiente beneficencia para población marginal. En los rankings que elaboran organismos públicos y privados, España aparece siempre en las posiciones de cabeza. La Organización Mundial de la Salud consideraba en el arranque de siglo que el país con mejor sistema sanitario es Francia, donde, por cierto, no hay coordinación entre atención primaria y especializada (en todas partes cuecen habas) y faltan médicos en las zonas rurales porque los doctores abren su consulta donde a ellos les conviene.
Sobre el papel, no parece que el modelo sea la causa de los problemas de la Sanidad en España, pero no se puede decir lo mismo de la gestión del día a día ni de la asignación de recursos. No hay que ser un experto para comprobar que falta orden y sobra improvisación. El sistema, que fue muy eficiente cuando echó a andar la Ley de Sanidad en los ochenta, necesita una buena auditoría externa para identificar posibles puntos de fatiga estructural y un profundo análisis funcional para localizar problemas de gestión inadecuada, incompetente o condicionada por intereses espurios de carácter ideológico o mercantil.
El estudio y auditoría permitirían localizar los puntos negros que requieren intervención urgente, como, entre otros, la actualización de la dotación presupuestaria que fue recortada en los años de la crisis de 2008 y que ha impedido cubrir las vacantes generadas por las jubilaciones, especialmente en la atención primaria. Como la formación de un médico es larga y no se puede recuperar el nivel adecuado hasta dentro de unos 10 años, la Administración debe adelantarse y poner ya los medios para atajar el problema. Agilizar la contratación, con carácter temporal, de personal extracomunitario que acredite conocimiento y experiencia, mientras pone al día la financiación, amplía y mejora el sistema MIR para hacerlo más atractivo y crea un programa de bolsas o becas de ayuda para que realicen el MIR en España egresados de otros países para complementar la cantera local.
No descubro nada nuevo si digo que la gestión mejoraría de manera apreciable si se integrasen de verdad, en la base del sistema (no solo por arriba y en el papel), la atención primaria y la hospitalaria, de forma que el responsable directo del hospital de referencia lo fuese también de los centros de salud adscritos al mismo, con autonomía, dentro de un programa y un presupuesto previamente establecidos, para gestionar el personal, los medios técnicos y la asistencia para optimizar los recursos y potenciar las sinergias entre centros de salud y el hospital. El perfil adecuado para este puesto es el de un médico con formación generalista, visión 360 grados y capacitación, indispensable, en organización y gestión.
Si se identifican bien los problemas y se actúa en consecuencia nuestra sanidad pública será confiable, sin tener que ceder ante quienes reclamar la privatización total o exigen la cubanización del sistema, que “hay gente pa tó”.

