tribuna

De Hiroshima a Putin

Hoy hace 79 años que un avión B-29 de EEUU, el Enola Gay, pilotado por el coronel Paul Tibbets, lanzó la primera bomba nuclear del mundo sobre la ciudad japonesa de Hiroshima. Tres días después, otro avión estadounidense lanzó sobre la ciudad de Nagasaki la segunda bomba atómica. Por efecto directo de las bombas, murieron unas 120.000 personas y otras 130.000 resultaron heridas y se calcula que, a finales de aquel año de 1945, el número de muertos ascendía a 246.000. La estela de fallecidos continuó en los años siguientes a causa de enfermedades por la radiación. Fueron las dos primeras bombas atómicas utilizadas en el curso de una guerra y, por ahora, las últimas.


Traigo al presente el recuerdo trágico de Hiroshima y Nagasaki en homenaje a las víctimas y para llamar la atención sobre la recurrente bravuconada del presidente de Rusia, Vladimir Putin, que nos amenaza con utilizar su arsenal atómico cada vez que sufre un revés. Si Putin pudiese atacar con armas nucleares a Europa o EE.UU. sin sufrir daño en Rusia… otro gallo nos cantaría, pero sabe que hay otros países que también tienen capacidad nuclear y que no se dejarían sorprender. Y no ignora que, si todos se volviesen locos, la destrucción mutua estaría asegurada.


Hasta la llegada de Putin a la presidencia de Rusia, el mundo caminaba por la dificil vía de la progresiva neutralización de estos ingenios, con el sueño de su eliminación total. Pero el líder ruso se ha retirado del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas, conocido como Nuevo START, que había sido prorrogado por cinco años en 2021, interrumpiendo así el proceso de desnuclearización. En 1968, con el fin de parar la carrera nuclear, se abrió a la firma el Tratado de no Proliferación Nuclear (TNP), que restringe la posesión de armas nucleares a los países que habían detonado este tipo de armas antes de 1967, que coincide, curiosamente, con los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (EEUU, Rusia, China, Francia y Reino Unido). Pese a la prohibición, hoy tienen también armas nucleares Pakistán, India, Corea del norte, Israel y está a punto de tenerla Irán, si no la tiene ya.


Vuelvo a la efeméride. El presidente estadounidense Harry Truman autorizó el empleo de la bomba atómica para evitar, según dijo, cientos de miles de muertes en una guerra interminable con Japón. “Sabía lo que estaba haciendo cuando detuve la guerra… no me arrepiento y, bajo las mismas circunstancias, lo volvería a hacer”. Cuesta imaginar que hoy pudiese decir algo parecido. Era, por así decirlo, un hombre corriente. Llegó inesperadamente a la presidencia de los EEUU por la muerte repentina del presidente Roosevelt y lo reeligieron para el cargo contra pronóstico en 1948. No tenía un carisma especial, pero la Historia le tenía reservado un papel relevante, pues durante su mandato ocurrió todo lo que ha marcado la crónica del mundo desde la II Guerra Mundial: el nacimiento de la ONU y de la OTAN, el Plan Marshall para reconstruir Europa, el comienzo de la Guerra Fría, la guerra de Corea…
Las bombas sobre las ciudades japonesas tuvieron mucho de ensayo, de experiencia, de banco de pruebas. El alto mando de EEUU eligió esas ciudades porque, hasta esa fecha, no habían sufrido ataques y estaban intactas, lo que permitiría medir el efecto de la bomba nuclear sin confundir con el daño producidos por otras armas. Se asegura que, cuando juró como presidente, el 12 de abril de 1945, Truman no conocía el programa Manhatan, que así se llamaba el proyecto de investigación del arma atómica que Roosevelt había autorizado al ejército y que se desarrollaba en Alamogordo, Nuevo México. El 16 de julio, se produjo la explosión experimental “Trinity” y, tres semanas más tarde, solo cuatro meses después de ocupar el Despacho Oval Truman autorizó lanzar dos de aquellas infernales bombas contra las ciudades japonesas.


Ningún gobernante, por avieso, desinformado o memo que sea, puede hoy aducir razón alguna que justifique el empleo de una bomba atómica. Putin sabe del arma nuclear y de las terribles consecuencias de su empleo todo lo que ignoraba sobre el asunto el presidente Truman y, por eso, actúa como actúa. Seria injurioso suponer a Putin un grado de ética, cordura y humanidad superior a Truman. Ha roto el compromiso del tratado de Nuevo START porque necesita blandir la amenaza nuclear como arma… de propaganda.