tribuna

El hijo de tinerfeño que llegó a presidente de Venezuela

Hijo de un emigrante tinerfeño natural de La Orotava y de una venezolana, también hija de canarios, nace en 1908 Rómulo Betancourt Bello, en una Venezuela convulsa e inmersa en guerras internas. Ese mismo año da comienzo el gobierno dictatorial más duradero en la corta historia del país, el de Juan Vicente Gómez. Fue tan larga esta autocracia que el recién nacido tuvo tiempo para empuñar las armas e intentar derrocar a Gómez, teniendo que exiliarse hasta la muerte del tirano, en 1935.


La evolución política de Betancourt le llevó por tres exilios políticos, llegando a ser elegido el 34º presidente de Venezuela (1945-1948), tras un golpe de estado. Después del derrocamiento del dictador Marcos Pérez Jiménez en 1958, Betancourt se presenta a elecciones democráticas y las gana, siendo elegido como el 39º presidente de Venezuela (1959-1964).


Es bajo este segundo período donde se producen tres hechos importantísimos en la vida política de Betancourt.


El primero, el ingreso de Venezuela en la OPEP (1960), con el espectacular impulso que las ganancias petroleras causaron en la economía venezolana. No puede concebirse la historia reciente de aquella nación sin el petróleo.


El segundo acontecimiento relevante fue la instauración de la denominada “Doctrina Betancourt”. En síntesis, tras haber abandonado otros postulados políticos y una vez decidido a abanderar la democracia en Hispanoamérica, quiso llevar hasta sus últimas consecuencias el espíritu de la carta fundacional de la OEA, auspiciando el rechazo e inmediata ruptura de relaciones diplomáticas con todas las naciones americanas con regímenes dictatoriales, no reconociendo a ningún gobierno de facto. En definitiva, pretendió disuadir los intentos de golpe de estado a través del mecanismo de la sanción colectiva. Se enemistó por igual con Pinochet que con Fidel Castro, cortando también relaciones diplomáticas con España por la misma razón.


Otro suceso, surrealista e impactante, fue el magnicidio frustrado con coche bomba que le organizó el megalómano dictador de la República Dominicana, Rafael Trujillo, en 1960. Aunque con importantes quemaduras, sobrevive del intento de asesinato que patrocinó uno de sus acérrimos detractores. De no haber sido porque Trujillo recibió su némesis un año después, al caer tiroteado en Santo Domingo, rebautizada como Ciudad Trujillo, quizá Rómulo Betancourt habría muerto por el segundo atentado terrorista que el dictador dominicano había planificado, ahora sí, con visos de ser más efectivo que el primero.


Personaje controvertido, hoy en día Rómulo Betancourt es considerado el político venezolano más influyente y exitoso del s. XX. No en vano, en los 128 años de vida republicana que discurren desde que en 1830 Venezuela se separa de la Gran Colombia hasta el año 1958, cuando Betancourt gana por primera vez unas elecciones libres, la nación solo había tenido tres años de democracia (1945-48).


J. F. Kennedy toma a Betancourt como adalid del modelo que debían seguir los gobernantes sudamericanos, identificando a Fidel Castro como su antítesis. Como siempre, los gringos meciendo la cuna de las jóvenes naciones hispanoamericanas.


País acostumbrado al caudillismo y a la búsqueda o, mejor dicho, al encuentro de próceres y líderes carismáticos, las lecciones que dejó en su ingente obra literaria Rómulo Betancourt suponen, incluso hoy, una brújula con la que enderezar el aciago rumbo actual de la nación hermana.

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