Edmundo González Urrutia se refugió en la embajada de Países Bajos porque estaba amenazado por el Gobierno de Maduro. No era un ciudadano libre después de encabezar la fuerza opositora en las elecciones y haber publicado un número importante de actas que demostraban que las había ganado. Estuvo más de un mes hasta que decidió trasladarse a la española creyendo que, desde allí, podría defender mejor sus intereses políticos. En realidad se metió en la boca del lobo. Ignoro lo que ocurrió, pero no me gusta nada. Fue en la embajada de España donde firmo una carta reconociendo que Maduro había sido elegido presidente. No se sabe por que porcentaje. Me imagino que por el mismo anunciado por el Tribunal Supremo, presidido por el hermano de la vicepresidenta Delcy Rodríguez.
Esta era la condición impuesta por los chavistas mientras un avión de las fuerzas aéreas españolas lo esperaba en el aeropuerto. Fue una operación de guante blanco, que pretendía blanquear a Maduro y al turbio proceso electoral. Nada mejor que el opositor, que se suponía triunfador, decidiera irse al exilio dejándole el camino libre al dictador. Para Maduro fue un balón de oxígeno. La pregunta es si esta operación hubiera sido permitida en la embajada de los Países Bajos, donde había estado hasta esos días. Me temo que no, porque se habría puesto en entredicho la neutralidad de un país colaborando en un fraude. A pesar de todo, el ministro Albares declaró que España no había intervenido en ninguna negociación sino que, demostrando su elevado carácter humanitario, había atendido una solicitud de asilo político.
El humanitarismo ha estado presente en esta operación rocambolesca que ha acabado comprometiendo al Gobierno de Sánchez asegurando que nada ha negociado. Después de que desde Venezuela se han mostrado las fotos de la firma en la embajada de nuestro país. Edmundo ha declarado que fue coaccionado, pero qué palabra se puede emplear para definir un hecho en el que se te persigue injustamente y luego se te ofrece el trueque de la salida bajo la amenaza si no firmas un documento. ¿Qué valor tiene esto? ¿Cómo se puede intentar justificar ganar unas elecciones con una acción como esta? Y lo más importante, ¿cómo se pretende ignorar lo acontecido en territorio nacional, porque la embajada lo es? Alguien debe dar explicaciones, pero no lo hará. Dejará que los hechos se expliquen por sí mismos, dado que son lo suficientemente explícitos para que nadie tenga duda sobre lo ocurrido. Sin embargo la verdad se va a dirimir sobre el único concepto que se puede exhibir a día de hoy y es que, otra vez, la necesidad hace virtud.
Lo necesario está haciendo añicos a la democracia en un ambiente irrespirable donde la mentira campa por sus respetos mientras se acusa a los demás de formar parte de la máquina del fango. Enfangar es pensar, discurrir, razonar, algo prohibido en el Animal’s Farm, de Orwell o en su 1984. Orwell era de izquierdas, pero de otra izquierda, aquella que fue capaz de denunciar las manipulaciones de socialistas y comunistas durante la Guerra Civil, como denuncia en su libro “Homenaje a Cataluña”. Sería bueno volverlo a leer.

