avisos políticos

España sigue invertebrada

Como ha ocurrido en otras épocas de nuestra historia, España se encuentra en una encrucijada que pone en cuestión su propia existencia. Es una gravísima coyuntura que exige que todos aportemos análisis y estudios que contribuyan a arrojar un poco de luz a tantas sombras.

Por mi parte, con motivo del centenario -olvidado- de la publicación de España invertebrada, el ensayo de Ortega y Gasset, hace algo más de un año publiqué La leyenda blanca ¿España tiene futuro?, una obra que reflexionaba sobre sus principios y estudiaba las circunstancias políticas y económicas del nacimiento de España como Estado descentralizado, después convertido en unitario; y el cuestionamiento de sus símbolos y de su propia existencia. Analizaba los dos intentos de descentralización republicana anteriores a la actual descentralización autonómica y concluía proponiendo, a partir de los análisis anteriores, una reforma constitucional ideal, que desarrolla el artículo 2 de la Constitución y pretende así abrir un debate y avanzar en la resolución de la problemática territorial nacionalista, que cuestiona de nuevo la propia existencia del Estado.

Ahora he publicado un segundo libro, que titulo España sigue invertebrada e insiste en el territorio de los orígenes históricos de España, analizando el problema de su existencia hasta los inicios de nuestra actual democracia, es decir, hasta la Transición. Planteo el análisis de una peculiar característica siempre presente en nuestra cultura y nuestra política: la evidencia de que la propia existencia de España ha sido un problema no resuelto en cuanto realidad histórica y social, un problema que persiste en la actualidad. Analizo la evidencia de una incesante decadencia a partir de una corta etapa de esplendor y desarrollo, y estudio con detalle la historia de la organización territorial política y administrativa de España y los principios generales de la actual descentralización autonómica. Por último, abordo uno de los componentes del problema español, la orientación atlántica exclusiva y la ignorancia del Mediterráneo, orientación preferente que siempre ha despertado recelos en los territorios de la Corona de Aragón, singularmente en Cataluña, por esa superioridad de Castilla. Como escribe Ortega, Castilla ha hecho a España y Castilla la ha deshecho.

El auge intelectual y político de los nacionalismos catalán y vasco introduce un escenario que permanecía latente en los siglos pasados, pero que hasta entonces no se había manifestado con toda su crudeza: el cuestionamiento de España como Estado unido y la negativa a aceptar la incorporación de las tres Coronas (Castilla, Aragón y Navarra) que había alumbrado a España, como su propio escudo nacional muestra fehacientemente y ha mostrado siempre. Desde las Comunidades de Castilla, los españoles nos hemos enfrentados en siete guerras civiles, aunque, después de más de ochenta años, la guerra civil por antonomasia es la última. Además, hemos soportado dos invasiones francesas. Pues bien, la última guerra civil -su recuerdo incesante- ha introducido un elemento adicional en la leyenda negra interior: el cuestionamiento severo de los símbolos nacionales españoles, su bandera y su himno.

Los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla. Y, por desgracia, el pueblo español es uno de ellos.