Lo sucedido con la transposición al ordenamiento español de la Directiva europea sobre el cómputo de las condenas de prisión en el ámbito de la Unión produce vergüenza ajena y es la prueba definitiva de la absoluta incompetencia de Núñez Feijóo y su gente como oposición. Es ridículo ver a su líder decir muy serio estupideces tales como que Pedro Sánchez será responsable ante la Historia. El adjetivo patético resulta insuficiente para describir el desastre; un desastre que ni siquiera la presidenta madrileña parece poder arreglar.
El texto de la Directiva procede de tiempos de Rajoy y excluía expresamente de la reducción de condenas a los presos de ETA. Pero ahora Sumar ha añadido una enmienda en forma de Disposición adicional que los incluye, y los populares -y Vox- la votaron porque no leyeron el texto definitivo ni en Ponencia, ni en Comisión, ni siquiera en el Pleno del Congreso. Para terminar de arreglarlo se han ganado la reprobación de las víctimas utilizando las imágenes de los socialistas asesinados por los terroristas.
La torpeza de los populares ha traído de nuevo al debate político español la situación actual de los etarras. Es cierto que han abandonado la vía de los atentados, pero eso no significa que hayan desaparecido. Siguen actuando a través de Bildu y otros partidos, y siguen organizando homenajes a sus presos y discriminando a las víctimas. Es el problema que siempre se plantea con la renuncia a la violencia de un grupo armado, y que se planteó también con los llamados acuerdos de Viernes Santo, que terminaron con el IRA irlandés. Posiblemente no es cierto que ETA esté más fuerte que nunca, como afirma Díaz Ayuso, pero sigue estando presente, y estará mucho tiempo todavía.
Hemos de reconocer que Pedro Sánchez une a sus cualidades de político implacable que todo lo sacrifica a conseguir y conservar el poder una notable buena suerte. Porque tiene que hacer frente a una oposición sin rumbo liderada por un Núñez Feijóo cuya autoridad en el partido es más que débil. Reunió a sus líderes regionales para hacerles firmar una declaración de compromiso de no reunirse por separado con Sánchez; y ha faltado tiempo para que hagan todo lo contrario. Mientras tanto, sus colaboradores más directos hacen equilibrios con el lenguaje para justificar tales contradicciones. Lo mismo ha ocurrido con la situación en Venezuela. La presidenta madrileña reclamaba que sacaran de allí a Edmundo González porque corría peligro, lo cual era cierto y es precisamente lo que ha hecho nuestro Gobierno. Pero cuando lo hace, la misma presidenta y los dirigentes populares lo critican porque, según ellos, le han despejado la situación a Maduro librándolo del opositor. Un opositor cuyo único horizonte futuro en Caracas era acabar refugiado en una Embajada que los chavistas podían asaltar en cualquier momento o bien torturado y ejecutado. Porque la dictadura venezolana sigue el modelo de la Rusia de Putin. Se celebran elecciones fraudulentas, pero los candidatos de la oposición no solo son derrotados, sino que su vida corre un peligro más que cierto.
La penúltima tontería de los populares ha sido las denuncias presentadas contra el PSOE, que no tienen ninguna posibilidad de prosperar. Así, entre la impotencia y el patetismo popular, seguirá Pedro Sánchez sorteando la Legislatura
