Por Carlos Acosta García.| Durante su historia, ha sufrido Garachico tantos actos y sucesos negativos que resulta muy sorprendente resaltar cómo ha podido llegar la localidad hasta nosotros. Nos ocupamos ahora, un tanto brevemente, del llamado fuego de San José, ocurrido el 19 de marzo de 1697, no solo con vileza sino con una enorme e impresionante sensación de suceso totalmente insoluble. El obispo Jiménez, tan recordado por su gran bondad, había pensado celebrar con la mayor brillantez las fiestas en honor de San José con el mayor número de regocijos populares, entre los que siempre tuvo mayor importancia la exhibición de fuegos artificiales. Y fue precisamente ese espectáculo el culpable de la tragedia. Cierto que comenzó de un modo poco trascendente, al incendiarse parte del piso de madera de una modesta casa de la calle de San Agustín. Y como encontró el fuego mucha materia inflamable a lo largo de tal calle -y en sus alrededores-, resultó imposible evitar la enorme fuerza de la tragedia. Los alquitranes, vinos, lencería… que había en las calles más céntricas se encargaron de conseguir que la tragedia tuviera tales dimensiones.. Unas dimensiones que se pueden poner de manifiesto para el conocimiento del lector al afirmar que ardieron 109 casas, lo que llevaba a que Garachico se viera reducido en su extensión de una manera increíble. Sobre este dantesco espectáculo escribió un impresionante poema en octavas reales el padre Agustino Fray Marcos Alayón, buen predicador y mejor poeta. La mencionada obra sirvió, además, para acrecentar, de manera notoria, la fama literaria del citado escritor, sobre todo por el conocido auto sacramental publicado en favor de la Semana Santa de Sevilla, tan cerca de aquellos nefastos días del “fuego de San José”
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