El encuentro en Santander de los presidentes autonómicos con Sánchez acabó sin ningún resultado práctico. Eso sí, en medio de la contaminada vida política nacional, no hubo insultos ni se faltaron al respeto. Hace mucho que un evento así no se producía y llamó la atención la presencia de la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, que se había negado a acudir a Moncloa y del president catalán, Salvador Illa, cuyos predecesores tampoco acudían.
Sirvió también para que el jefe del Estado y el presidente del Gobierno tuvieran tiempo para hablar y aclarar los malentendidos entre Moncloa y Zarzuela. Ayuso acudió a la cita con el único objetivo de denunciar la financiación singular de Cataluña y lo cumplió con creces. A partir de ahí, no hubo ninguna posibilidad de llegar a acuerdos, que afectarían a otras comunidades del PP, sobre financiación autonómica. Solo reconoció la necesidad de fondos urgente de Valencia, mientras su presidente Mazón trataba de pasar desapercibido en la foto del encuentro. Pero las secuelas de la catastrófica dana siguen presentes en las calles de las localidades inundadas, sin que los fondos destinados a la recuperación lleguen a los afectados. Lo que hace falta es eficacia en la gestión para solucionar los ingentes problemas de la población. Por eso, la actitud cívica de los dirigentes políticos no puede servir de consuelo a la necesidad de acuerdos en temas tan importantes como el reparto equitativo de fondos públicos o el tremendo drama de la saturación de menores en Canarias.
Se entiende la desesperación del presidente canario, Clavijo, que vio cómo en Santander se desvanecía otra oportunidad para resolver las precarias condiciones de acogimiento con que cuentan las Islas. Los ciudadanos no pueden conformarse, simplemente, con un resultado de buenas formas y nada más. La política exige resultados.
