Comida con los amigos en casa de Checho. Nos hemos puesto tibios con los postres. Mañana a régimen. Silvia trajo las truchas; Lali, las milhojas y Mercedes, la sacher. Tenemos tantas cosas de las que hablar… Me han dado el teléfono del Sebas y se lo he pasado a Paco Rojas, que me lo había pedido. Mari se puso una crema en los ojos, que se le habían empezado a escamar con el sol. Cuando no es una cosa es otra. Luego, de regreso a casa, pongo las noticias y veo a Donald Trump proponiendo cosas para acabar con la guerra de Ucrania. Puede ser que se salga con la suya y construya una urbanización de lujo en Gaza. Los de Hamas se equivocan por no entregar a los rehenes. Están haciendo una guerra con dinero, pero en las guerras con dinero desaparece el honor y la gloria. Me acuerdo de la misa cuando se dice: “Tuyo es el reino, el poder y la gloria por siempre”. También es el título de una novela de Graham Green, el del Tercer Hombre, saliendo de una alcantarilla de Viena. El mundo ya no es igual y los americanos no vienen a Europa para fabricarse la gloria, ni un sepulcro en una playa de Normandía. En el 90, atravesé Francia y estaba llena de girasoles amarillos orientados al lado de donde tomaban prestada la energía para seguir viviendo. Hoy están los campos repletos de molinos y paneles. Los molinos son gigantescos y silenciosos. El viento no es capaz de sacarles ningún sonido, y ellos moviendo sus aspas como en un ballet. Hace años, había tumbas de soldados y los jóvenes atravesaban el Atlántico para morir después de remontar los ríos, igual que los salmones. Hemos estado hablando de un tiempo en que estas cosas no existían, pero nos engañamos porque todo se repite. Todo es igual en nuestra vida de viejos a los que nadie hace caso. Checho me regaló un ejemplar de la Revista Canaria de la Ciencia, de la que es director-editor. Todavía trabaja en su ordenador y me envía fotos. Eso nos queda. Yo también escribo y de esa forma les digo que la vida consiste en no estarse quieto. Somos una máquina animada por neuronas a la espera de que nos venga a arrasar la inteligencia artificial. Nos queda tanto por hacer y tanto de que hablar, que pienso que ninguna corriente irresistible nos hará callar. Esto que cuento parece desperdigado pero no lo está, sigue el ritmo de una partitura calculada, ésa que la razón de la vida nos enseñó a ordenar para aparentar una secuencia de continuidad que representa a toda una existencia. No nos separamos porque pensamos llegar juntos al mismo sitio. Nos conocemos hace tantos años… El mar se veía con un azul intenso en Barranco Hondo. Al regresar, una luna nueva, enrojecida por el rubor, nos enseñaba el camino del retorno.
