Los arcoíris, uno de los espectáculos naturales más fascinantes, son el resultado de un proceso óptico en el que la luz solar se descompone en un abanico de colores al atravesar gotas de agua suspendidas en la atmósfera. Este fenómeno, que ocurre tras la lluvia o cerca de fuentes de humedad como cascadas, se produce por la refracción, reflexión y dispersión de la luz dentro de cada gota.
Hoy, las muchas personas que han llegado desde el norte de Tenerife por las autopista TF-5 a disfrutar del Carnaval de Santa Cruz han podido contemplar un espectacular arcoíris que les daba la bienvenida a la capital insular.
Para que un arcoíris sea visible, el sol debe situarse en un ángulo bajo respecto al horizonte, mientras que el observador se encuentra con su espalda hacia la luz. La particular disposición de los colores —del rojo en el borde exterior al violeta en el interior— responde a la distinta longitud de onda de cada tonalidad. En ocasiones, se pueden formar dobles arcoíris, con un segundo arco más tenue e invertido debido a una segunda reflexión dentro de las gotas.






