Soledad Gallego dice que la responsabilidad de no llevar al Parlamento el debate sobre los gastos de defensa, o de seguridad, como ahora se dice, es del presidente del Gobierno y de nadie más. Creo que Sánchez se equivoca intentando tapar algo que todo el mundo conoce. Hace tiempo que vive abducido por su propio argumentario, sin darse cuenta de que el relato con el que pretende convencer a todos no sirve más que para él. Se ha convertido en el solitario corredor de fondo, en el personaje de aquella novela del portero que le tenía miedo al penalti. El problema está en que los gorriones de los diarios, que antes lo apoyaban ciegamente, ahora son conscientes de que algunas actitudes no se pueden sostener, y esta es una de ellas, no poco importante. Hoy se llena la prensa de referencias a Europa, después de la manifestación que ayer reunió a 50.000 personas en Roma, y esto hace incómodo el contemplar la trastienda española, donde se teme hablar del asunto en el único lugar donde se expresa la soberanía popular. Lo de la plaza del Popolo fue convocado por un periodista influyente, Michele Serra. En España no imagino quién puede representar esa figura que aglutine una opinión común. Esto no quiere decir que no exista, sino que la mediatización a que han sido sometidos los profesionales de la información les impide liderar cualquier iniciativa en este sentido. Pobre país. Porca miseria, que dirían en Italia. Tampoco allí estaban muy seguros del éxito, porque las concentraciones tradicionales se han desarrollado siempre en San Juan de Letrán, un espacio con mayor capacidad que la plaza del Popolo. Así que no se la jugaron, por si acaso, y la cosa salió bien, al menos en la imagen de concentración unitaria que se quería transmitir.
Claro que es contradictorio celebrar este acto cuando aquí se teme llevar al Congreso lo que no es otra cosa que un acto de afirmación europea. Entonces entiendo que la prensa muestre una sensación agridulce, aunque solo sea por establecer comparaciones. Sánchez se equivoca y no sé si alguien será capaz de hacérselo ver. Incluso dentro de su partido bulle una conciencia exigiendo que las cosas se pueden hacer de otra manera. En el fondo se trata de defender la democracia, y a la democracia no se la defiende huyendo del debate parlamentario. O es que cree que ocultando la realidad detrás de un biombo la gente va a dejar de percibirla. Me refiero a los más allegados. Sánchez no va a convocar elecciones. Lo sabemos todos. Pero eso no significa que se esconda y se aísle en un momento en que el mundo necesita un posicionamiento de unidad que la oposición está dispuesta a prestarle si se lo pide en el lugar oportuno. Hoy, tristemente, aparecen las dos caras de la moneda: la imagen optimista y esperanzada de Roma y el artículo de Soledad Gallego advirtiendo que el presidente es el único responsable de comprobar cómo los asuntos trascendentales no se debatan en las cámaras y se trasladen a las calles. Muy mal ejemplo.
