tribuna

Amigo chino

La pausa de los aranceles ha hecho subir a las bolsas. Sánchez se congratula aunque le haya cogido con el pie cambiado, en medio de su viaje a China para hacer nuevos amigos en nombre del multilateralismo. En esto no hay sorpresas, como tampoco las hubo a la hora de no reconocer en Europa a Edmundo González Urrutia como ganador de las elecciones en Venezuela. Por ahí anda la sombra de Zapatero que ahora se ha convertido en un experto en política internacional. Lo importante es saber dónde estamos, ¿en Europa o en el multilateralismo? ¿en la UE o en Mercosur? ¿en la OTAN o en la Internacional que representa los restos del Pacto de Varsovia, con Sumar, Podemos, Bildu y ERC? Aunque nos digan que no obedece a la realidad y solo son sospechas, estos son los signos que nos acercan a ese concepto de democracia imperfecta donde se incluyen los países aspirantes a formar parte del grupo de los BRICS. Por muy malo que sea Trump, todo esto pasará y el mundo seguirá estando alineado en bloques, y a nosotros nos toca pertenecer al de las democracias occidentales, a pesar de que a algunos no les guste. El viaje a China no se ha organizado de un día para otro. Existe una planificación previa y meditada que algunos achacan a Zapatero.

Visto fríamente parece una inoportunidad, pero no será reconocida desde el ámbito institucional y diplomático. Otra cosa será lo que opinen el séquito de empresarios que acompañan al presidente, con un ojo puesto en Pekín y el otro en Washington. No basta con decir que Trump es malo y un inútil. También en España nos han gobernado inútiles y hemos aprendido a capear el temporal. Todo pasa, como decía Antonio Machado. En cualquier caso la situación no es lo más favorable que se podía desear, pero ya los artífices del relato serán capaces de convertirla en otra cosa. En el fondo, es una muestra de que se hace y se dice lo que se piensa, como el contenido de las afirmaciones de la vicepresidenta Montero con respecto a la presunción de inocencia, que no pueden tener más interpretación que la que tienen. Sánchez se ha ido a China, separándose de la exigencia de unidad implantada por Europa. No se sabe por qué lo ha hecho. Seguramente porque en los anteriores encuentros entre Francia, Alemania y El Reino Unido, ha sido excluido y su ego no lo puede soportar. Ante esto es lógico hacerse la pregunta de dónde estamos. Una mayoría de españoles tiene cada vez más clara cuál es la respuesta. Ándense con ojo.


ARANCELES
Daniel Lacalle es un economista de derechas. Al menos eso es lo que dicen los expertos de la izquierda. Afirma varias cosas en las que no sé si creer. Mejor no creer a nadie, por si acaso, pero hay asuntos, de los que no entiendo, en los que las opiniones diversas me pueden ayudar a navegar sin tomar demasiado partido. Por ejemplo, dice que lo de los aranceles terminará en una negociación y que esta es la intención desde el inicio. También que nada se consigue en una regulación dentro de la OMC por la propia inoperancia de la organización en el conflicto entre EEUU y China. No hay que olvidar que la OMC procura la desaparición de barreras arancelarias de todo tipo, y algunas, creadas desde el proteccionismo de la UE, actúan como elementos distorsionadores del equilibrio ideal de las relaciones comerciales. En resumen, que es necesario darle una vuelta a estos temas. Asegura Lacalle que muchas de las cuestiones contenidas en las pretensiones de Trump ya están contempladas en el informe Draghi, por el que parece guiarse la política de la señora Úrsula von der Leyen. Solo he leído un resumen y no encuentro nada que se le parezca. Lo que sí he observado es la disposición a la negociación manifestada por la mayoría de los países; actitud que Trump denomina besarle el culo. Lacalle dice que esto es un problema de lenguaje, que es un empresario y que está acostumbrado a plantear los temas de esa manera. A mí me parece que introducir ese estilo en la política es un intento de denigración, es darle una patada a la diplomacia y arrastrar por los suelos al entendimiento democrático, pero hay otros escenarios donde se escuchan cosas peores y nadie dice nada. El informe Draghi recomienda crecimiento económico y consolidación de un sistema más autónomo de defensa, conjugándolo con la necesidad de una transición digital y ecológica en la que ninguna de estas cosas esté por encima de la otra. Quizá la mala interpretación de las recomendaciones se encuentre en la elección de las prioridades. En eso residen las diferencias entre una política de derechas y otra de izquierdas. Habría que consultar el programa pactado entre socialdemócratas y democristianos, en Alemania, para saber en qué puntos convergen. Después de las últimas elecciones en EEUU muchos analistas le obligaron a preguntarse a la administración Biden, y a sus simpatizantes en el resto de Occidente, qué habían hecho mal. Esta pregunta también se la hace Europa, o debería hacérsela, al ver el devenir de sus sociedades hacia posiciones ultras. Una actitud prudentemente negociadora parece demostrar que no queremos seguir incurriendo en errores. Sin embargo, después de la tregua en la guerra arancelaria, parece que hay alguien tentado a seguir con los órdagos y así no vamos a ninguna parte.

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