Por Astrid Pérez* | El próximo Marco Financiero Plurianual 2028-2034 representa una oportunidad única para redefinir el proyecto europeo y garantizar un equilibrio entre las aspiraciones globales y las necesidades locales. En esta reflexión, resulta imposible pasar por alto el papel estratégico de las Regiones Ultraperiféricas (RUP), territorios cuya singularidad y riqueza deberían situarse en el corazón de las políticas de cohesión y competitividad de la Unión Europea.
El pasado viernes en Azores, como presidenta de la Conferencia de las Asambleas Legislativas Regionales de Europa (CALRE) tuve la oportunidad de participar en una jornada de trabajo que tuvo como principal objetivo debatir sobre el futuro del presupuesto de la Unión Europea, con especial atención al papel de las RUP. Allí defendí que las nueve Regiones Ultraperiféricas de la Unión Europea – Guadalupe, Guayana Francesa, Martinica, Mayotte, La Reunión, San Martín, Madeira, Azores y Canarias – son verdaderos tesoros dentro del marco europeo, no solo como territorios de cohesión sino también como activos geopolíticos y económicos.
Por esta razón, las regiones europeas debemos seguir conquistando y consolidando medidas diferenciadas para compensar las particulares desventajas estructurales como son el aislamiento, la lejanía, la insularidad y la dependencia económica, y ello requiere un compromiso continuo de la UE.
De hecho, el artículo 349 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea reconoce estas particularidades y ofrece un marco para la implementación de políticas adaptadas a sus necesidades. Aun así, y tal y como se refleja en una Resolución del Parlamento Europeo de 2023, este artículo todavía se utiliza de manera limitada.
Queda claro, entonces, que hay margen más que suficiente para que la UE adopte un enfoque más innovador orientado a diseñar políticas específicas que potencien sus fortalezas en lugar de gestionar únicamente sus debilidades.
Por todo ello, las propuestas para el próximo Marco Financiero Plurianual deben ser claras. Primero, se debe priorizar la cohesión territorial, asegurando que ningún territorio quede atrás. Segundo, es imprescindible valorar la diversidad de la UE, permitiendo a las regiones ser actores activos en el diseño e implementación de políticas. Y tercero, se debe mantener y ampliar instrumentos como los fondos de cohesión y la Política Agrícola Común (PAC), vitales para el desarrollo de las RUP.
También es crucial situar la investigación, la innovación, la ciencia y la tecnología en el centro de nuestra economía, tal y como nos indica el informe Draghi, para así diversificar nuestra economía y construir un futuro más sólido.
Asimismo, y también como presidenta del Parlamento de Canarias, no debemos ni podemos olvidarnos de atender al fenómeno migratorio. Y es que las tensiones geopolíticas globales y los movimientos migratorios hacia Europa crean presiones significativas en el presupuesto de la UE. Las RUP, debido a su proximidad a zonas de tránsito migratorio, suelen estar en primera línea en el manejo de estos flujos migratorios, requiriendo recursos adicionales para atender aspectos claves como seguridad, integración social y desarrollo local.
En definitiva, es vital que el próximo presupuesto desempeñe un papel central en la promoción de la prosperidad sostenible de la UE; refuerce la defensa y la seguridad; respalde la competitividad; y apoye la cohesión social y territorial de todas las regiones europeas, con especial sensibilidad a las RUP.
Como presidenta de la CALRE, mi objetivo es dar visibilidad pero también sensibilizar sobre los desafíos que afrontan las RUP. Y es que sólo trabajando juntos lograremos que Europa sea no sólo un espacio de bienestar, sino también una comunidad donde la diversidad sea una fuente de fortaleza.
Unidos resistimos, divididos caemos. De la unión de las regiones ultraperiféricas depende nuestro progreso y nuestro futuro.
*Presidenta del Parlamento de Canarias y de la Calre
