Es fácil organizar una operación para llegar al poder; asaltar el cielo, como decía Pablo Iglesias. Anoche explicaba Felipe González cómo con poca gente se pueden dominar troles y memes en las redes sociales, igual que en el televoto del que se quejan algunos. Entonces se explicarían fenómenos como el de Donald Trump, un contubernio de dinero y empresarios del mundo digital que se las saben todas. Felipe conoce la técnica, es perro viejo y asimiló en su día lo de que el color del gato no importa con tal de que cace ratones. Él también vivió su operación Suresnes, así que no debe extrañarle que cuatro se suban en un Peugeot tratando de convencer a todo un país, y lo consigan. Anoche estuvo con Motos, en El Hormiguero, haciendo una exhibición de sus viejos amigos, sin darse cuenta de que están muertos y ya no pintan nada en la escena política. Como anecdotario histórico no está mal, pero no pasa de ahí. A mí me suena esta música porque soy de su misma edad, pero debo reconocer que las cosas han cambiado y, como dice Coronado en el anuncio, Vodafone también. A pesar de todo, dijo muchas palabras llenas de lógica. Palabras que a sus compañeros no les deben sonar bien. Felipe es un viejo oráculo y tiene la mala suerte de que halaga más a los oídos de la derecha que a una militancia a la que poner de los nervios. Ayer un socialista le dijo algo a Óscar López que me resulta más viable. Juan Lobato declaró que dará un paso adelante cuando llegue el momento oportuno. ¿Qué quiere decir esto? ¿Quizá que el Gobierno tiene los días contados y los candidatos se aprestan a tomar posiciones? De momento, de los cuatro del coche hay dos imputados y un tercero en vías de serlo. Cuando esto acabe nadie dará un duro por ellos y pasarán a engrosar las filas de lo que nadie quiere recordar. Felipe González todavía representa la añoranza de un tiempo glorioso. No me atrevería a decir que su reconocimiento sea unánime. Tal vez no pase de los que peinamos canas igual que él. Al menos la audiencia lo recibe con entusiasmo, y esto significa que existe un deseo por retornar a los tiempos en que la política era de otra manera. Cuando vivíamos sin la zozobra y la incertidumbre como único horizonte. Felipe es capaz de capitalizar la mayor parte del hartazgo que nos invade. Puede ser el inspirador de una regeneración que se aplaza cansinamente. Con lo que tenemos no iremos muy lejos. A propósito, han pasado cinco meses en que nos prometieron que entrábamos en el año de Franco y que haríamos multitud de actos para celebrarlo. Que yo sepa no se ha hecho nada. Deberán estar esperando al 20N para quemar toda la pólvora, o quizá se han dado cuenta de que con esto no se va a ninguna parte. Si Abascal no lo hace es que no debe ser un buen negocio. Los niños recuerdan cuando cantaban Franco, Franco, que tiene el culo blanco. De Felipe dicen sus viejos compañeros que lo que tiene blanco es el pelo, amén de ser la diana a donde se dirigen todas las flechas del odio.
