La posición del mundo ante las guerras vigentes confirma los temores. Pues es sabido: el regreso de Trump a la Casa Blanca propaga lo que anunció: una hora durará la desmesura de Putin. Y activa el final: conversaciones directas por la paz entre los contendientes. Y en la espera lo que enuncian los medios de comunicación: uno de los ataques más potentes de Rusia contra civiles. ¿Qué ocurre? Que lo que se pondera son las posiciones, los que agreden con el poder manifiesto para sacar los máximos rendimientos de la rendición de los otros. Eso no es la guerra, eso es una insensatez criminal. Igual que ocurre en Gaza, con golpes a escuelas que dejan muertos indiscriminados y la preparación de otro ataque “sin precedentes”. Lo cual confirma: los israelitas no pararán hasta la destrucción absoluta; los que resisten lo harán camuflados entre civiles para en el término afianzar su razón. Israel actúa en defensa propia por el acto “asesino” de Hamás: cerca de dos mil personas entre muertos y secuestrados. Y el globo dirá que con razón. Pero en el fondo Hamás se impone. Porque si a Israel le preocupan los muertos, a Hamás no. Mueren en lucha santa y se salvarán. Eso no confunde a los dos bandos, sino que los hermana. A Israel no le importa matar a unos 60000 palestinos en demostración de su fuerza y de su venganza; a Hamás no le importa, a propósito de su lógica, que 60000 de los suyos perezcan. Ahí la trama. Si Israel se niega a reconocer a Palestina como estado, es porque el ultraderechismo de allí atusa solo una argucia: la tensión, y cuanto más zozobra mejor, incluso para ampliar sus fronteras. A Hamás tampoco le interesa ese reconocimiento, por lo mismo; a ellos lo que les seduce es el enfrentamiento, y si duradero óptimo. Y esa es la base manifiesta del conflicto: tanto los de una parte como las de la otra no atienden a la realidad mirífica de la paz, de la convivencia conjunta de vecinos en diferencia pero que pueden corresponderse entre sí (mano de obra palestina para Israel, por ejemplo) y convivir incluso con capital compartida: la Jerusalén de un lado y la Jerusalén del otro. ¿Europa? En su punto. Países hay (como España) que pretenden tomar el toro por los cuernos, pero no todos se mueven igual. Caso manifiesto, Alemania. Cabe llevar a Israel ante los tribunales por lo que acontece en Gaza, pero no dejarán de venderles armas. ¿Por qué? Porque ellos son la memoria de lo que ocurrió en el holocausto, la aberración nazi que mató a millones de hebreos y que inventó los infaustos campos de concentración. Y esa es la escoria que pesa sobre nosotros, porque eso, pese a lo que pese, es Israel. ¿Aceptamos la crueldad? No. Pero nadie cabal de este mundo puede olvidar la historia. Yo soy judío.
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