tribuna

Con ‘El País’ debajo del brazo

Saludo el propósito del nuevo director de El País, Juan Martínez Ahrens, de mantener su compromiso con la verdad como exige el periodismo serio. Otra cosa es que eso le inhabilite para mantener una posición militante; la militancia no tiene que estar en contra de la objetividad, el único sistema conocido para que un medio de comunicación sea creíble. Incluso el confesar que llevar a ese periódico debajo del brazo era un distintivo ideológico es un aserto que trata de no esconder una realidad que alguien pudiera negar. Esto en sí mismo no es malo. Lo sospechoso sería andar escondiéndose detrás de una careta aparente. Es legítimo que un órgano de prensa manifieste sus preferencias ideológicas, pero eso no le debe llevar a ser la correa de transmisión de un Gobierno, salvo en el caso de que ese Gobierno intente honestamente favorecer el interés general y no determinarse por una facción concreta, sea ésta la que sea. Habla Martínez Ahrens de los primeros años en que El País salió a la calle, dos meses antes de que el rey designara a Adolfo Suárez como presidente del Gobierno, con el encargo de llevar a cabo una Transición, que llegaría dos años más tarde con la aprobación de la Constitución. Dice que tenía entonces 11 años. Yo tenía 34, la misma edad que Felipe González. Lo que me resulta curioso es que asegure, y es verdad, que en 1976 te arriesgabas por llevar al periódico debajo del brazo. Esto se contradice con la versión de Pedro Sánchez, que afirma que en 2025 hay que celebrar el 50 aniversario de la conquista de las libertades. O una cosa o la otra. Leo El País todos los días y lo seguiré haciendo. No siempre voy a buscar informaciones que me satisfagan. Suele dar una de cal y otra de arena, pero reconozco que ahí hay que valorar el esfuerzo por ser un diario independiente manteniendo a la vez esa identidad de la que no puede renegar. No todo lo que se publica es al dictado, a lo que se denomina instancia de parte. Y aunque así fuera su marchamo está acreditado suficientemente para que nadie se lleve a engaño. El presidente del grupo Prisa hace lo que puede. Le es imposible convertirse de la noche a la mañana en un portavoz de la oposición. Ese espacio lo ocupan otros medios sin que les resulte incómodo. Ahora ha cesado a Pepa Bueno y yo creo que no ha sido por un exceso de sectarismo. La señora Bueno ha dirigido al periódico siguiendo las directrices que lo han orientado desde que empezó a publicarse. A mí me sirve para orientarme sobre lo que debo criticar y lo que no. A veces no estoy de acuerdo con sus editoriales, pero en otras ocasiones estimo doblemente el sacrificio de mostrar su desacuerdo en cuestiones donde supuestamente debería cerrar filas, aunque solo fuera para regalarle el oído a la mayoría de sus lectores y suscriptores. Leo con deleite a sus colaboradores, a Antonio Muñoz Molina o a Javier Cercas. Por eso estimo que en sus páginas puedo tropezarme con lo mejor de las letras españolas. El País es lo que es, aunque ya nadie peligre por llevarlo debajo del brazo, con la misma intención que lucir una banderita española en la correa del reloj. España necesita que estas banderías desaparezcan, porque, en la realidad, el porcentaje mayor de españoles pasa de estos alardes. Enhorabuena a Juan Martínez Ahrens y prometo que seguiré leyendo El País. No me hace falta llevarlo bajo el brazo porque apenas salgo. Lo hago en su versión digital y lo comento también digitalmente. Ese es el mundo que nos toca vivir, donde apenas nos vemos las caras.