de remplón

La resaca de la noticia

En realidad, no somos víctimas de las noticias, que también, sino que somos sufridores de la resaca que ellas generan. La noticia surge en determinado momento, en un punto concreto. Puede ser un bombardeo sobre vidas inocentes, un bofetón de puertas adentro en la cabina de un avión, una supuesta corruptela o el viaje al espacio de Calleja. Pero ahí no queda la cosa. Lo que nos mata es la resaca de la noticia, que es una cosa pastosa, indefinida, un chicle pegajoso que se alarga y amasa hasta la infinitud sin que podamos ver a lo lejos su maldito final. Algunas noticias se nos presentan de esta forma y comprobamos, una vez más, lo que afirmaba María Zambrano: la vida es confusión.

Se corre el riesgo de caer en un desconcierto entre la realidad y la ficción, podemos confundir los titulares de la prensa con lo que acontece en el llamado mundo real. Y desde ahí, la mera opinión tiene luz verde para pasearse en cholas y embadurnar horas de radio y televisión, que son los medios más proclives a este ejercicio aeróbico. Las emisoras de radio y los canales de televisión se mueven en un tiempo condicionado por los contenidos, y se ven obligados a hilar una madeja que llega hasta las orillas de la extenuación. Una noticia que bien podría quedarse en un titular y poco más, se alarga durante semanas porque el pinganillo manda, y no para de soplar preguntas absurdas y sin criterio en los oídos indefensos del presentador o la presentadora.

Mientras tanto, la información entra en un círculo hermenéutico que nadie entiende, se suceden colas repetidas en un bucle resacoso de imágenes mareantes. Las noticias ya no se quedan en las cuatro paredes del informativo, su hábitat natural, o en un programa que suscite el debate sereno. Los alquimistas de la noticia, con licencia para especular, realizan una disección de todo lo que en el mundo ocurre y en otras galaxias, y alimentan esta resaca de lo noticioso con opiniones que dan ganas de echarse a correr sin mirar para atrás.

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