Invertir en geotermia en Canarias implica grandes riesgos económicos, pero también la promesa de un suministro energético limpio, estable y duradero. Eso lo saben bien las empresas que han apostado por este proyecto en Canarias. Y es que, detrás del prometedor horizonte que sugiere la existencia de una poderosa fuente de energía en el subsuelo, también hay riesgos económicos importantes: las compañías deben afrontar el altísimo coste de los sondeos —que pueden aportar hasta 50 millones de euros de recursos propios— sin la certeza de encontrar calor suficiente. Como los antiguos cabuqueros de Tenerife que excavaban galerías en busca de agua, hoy también se cava con esperanza, aunque ahora ya no se hace “a ciegas”, sino con el respaldo de complejos estudios que permiten aumentar las probabilidades de éxito.
El interés de la Unión Europea y del Gobierno de España en que la geotermia se convierta en una realidad es claro. No solo por tratarse de una energía limpia que contribuye a la descarbonización, sino porque es la única renovable capaz de aportar estabilidad al sistema eléctrico, gracias a su producción constante e independiente de las condiciones climáticas.
Por eso, el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) gestiona fondos europeos para impulsar los proyectos de prospección en Tenerife, La Palma y Gran Canaria. El más avanzado es el de Tenerife, donde comenzará el próximo otoño el primer sondeo en el municipio de Vilaflor. Casi 50 millones de euros en ayudas se destinan a este proyecto, y la empresa promotora, Energía Geotérmica de Canarias (EGC), deberá aportar una inversión similar por su cuenta y riesgo.
El consorcio público-privado EGC está compuesto por el Cabildo de Tenerife, el Instituto Tecnológico y de Energías Renovables (ITER), el Instituto Volcanológico de Canarias (INVOLCAN), la empresa canaria DISA y la islandesa Reykjavík Geothermal, líder mundial en esta tecnología.
Un futuro condicionado a decisiones políticas
El director de Energía de DISA, Santiago Rull, es muy consciente de lo que se están jugando. “Las ayudas canalizadas a través del IDAE han supuesto un gran impulso para este proyecto. Sin ese apoyo no habría sido posible iniciarlo. Pero, aun así, si no logramos encontrar calor y agua, perderíamos toda la inversión y si lo encontramos podríamos generar electricidad. Y en este último caso, aún nos enfrentamos a una incertidumbre: no sabemos qué régimen de retribución se va a fijar para la geotermia”.
Sin una tarifa definida, es imposible planificar inversiones a medio o largo plazo. Nadie puede diseñar un modelo de negocio si tiene claro el gasto, pero no los ingresos. Santiago Rull indica que “hemos sugerido replicar la vía que ha seguido Portugal para su geotermia en Azores que la UE aprobó sin dificultad al considerarla crítica para el archipiélago, región ultraperiférica como Canarias”.
Y es que, en el archipiélago portugués, la geotermia ya es una realidad y se genera electricidad con el calor volcánico de la isla. Es un modelo que ahora Canarias quiere replicar.
Portugal presentó un detallado estudio de costes y beneficios —ambientales y sociales— para justificar la tarifa. Destacó la estabilidad y la generación continua como ventajas estratégicas, especialmente en territorios insulares con recursos energéticos limitados.
Un cambio de paradigma
Por muchas razones, la energía geotérmica podría marcar un antes y un después en Canarias. Si se confirman las hipótesis, los yacimientos de calor en el subsuelo de algunas islas garantizarían un suministro inagotable, fiable y constante, capaz de sustituir progresivamente a los derivados del petróleo y complementar a la energía solar y eólica.
De nuevo, Santiago Rull lo resume así: “La apuesta por esta tecnología tiene todo el sentido en Tenerife y en Canarias. Por un lado, la penetración de las renovables es la mitad que la media nacional y tiene dificultades para seguir creciendo y por otro, la generación convencional es obsoleta, prueba de ello son los continuos apagones que estamos sufriendo. Una producción permanente los 365 días del año permitiría establecer una producción sólida, sin emisiones y más económica que los 300 €/MWh que se retribuye actualmente a la generación convencional”.
Una decisión vital
Ahora, la decisión está en manos del Gobierno de España y de la Unión Europea. El Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO) ya ha recibido la solicitud formal para comenzar los trabajos de fijación de tarifa. El Gobierno de Canarias también apoya esta iniciativa, convencido de que la geotermia —junto con otras renovables— es clave para avanzar hacia la soberanía energética del archipiélago.
¿Y cómo se fijan las tarifas? Hay varias vías posibles: Se puede materializar a través de acuerdos marco con Comunidades Autónomas que permitirían licitaciones centralizadas para proyectos concretos con precios regulados. También cabría un concurso de reducción de costes en el que proyectos como los geotérmicos en las islas puedan sustituir a las instalaciones obsoletas actuales —con combustibles fósiles— con un coste de generación de más de 300 €/MWh. O una nueva convocatoria de subvenciones a la generación geotérmica: tal y como sucede con eólica y fotovoltaica, que se podría convocar mediante orden ministerial.
La fórmula que finalmente se adopte y que sea aprobada por la Unión Europea, a propuesta del Gobierno de España, marcará el futuro del mix energético de Canarias.
“Mucho promete el subsuelo, pero sin tarifa, todo es consuelo” podría ser el título de esta historia que apenas comienza.





