Por Andrés Oppenheimer.| En medio de las amenazas del presidente Donald Trump de comenzar una guerra comercial global, invadir Groenlandia, tomar el control del Canal de Panamá y anexar Canadá, la crisis económica de Cuba, la peor de la Isla en muchas décadas, está pasando inadvertida. Muchos economistas afirman que es la peor crisis en Cuba desde la Revolución de 1959. Antes de analizar si esto podría traducirse en nuevas protestas callejeras como las que sacudieron la Isla en 2021, veamos los datos duros. En los últimos meses, Cuba ha estado prácticamente paralizada por los apagones. Según admitió el propio régimen, los cortes de electricidad promediaron dieciocho horas diarias en mayo. Es decir, casi todo el tiempo. Cuba atraviesa “una situación crítica”, admitió el dictador Miguel Díaz-Canel el 29 de mayo. La economía cubana “está lastrada, disminuida, casi paralizada”, añadió, según la agencia Efe. La mayoría de los economistas atribuye los apagones a décadas de descuido de la infraestructura eléctrica, falta de inversión en energías alternativas y una caída en los envíos de petróleo de Venezuela y Rusia. Prácticamente todos los sectores que sostienen la economía cubana están en crisis. El turismo ha colapsado. Muchos canadienses, europeos y latinoamericanos están eligiendo otros destinos caribeños. ¿Quién quiere pasar sus vacaciones en un país con apagones permanentes? Salvo ayudas externas imprevistas (por ejemplo, si Rusia aumenta sus envíos de petróleo), esta crisis podría presentar un desafío sin precedentes a la decrépita dictadura cubana.
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