el ref y el aiem

¿De verdad queremos mantener lo que hay?

Durante décadas, Canarias ha construido su marco económico sobre pilares que, en su momento, respondían a necesidades reales. La insularidad, la lejanía respecto al continente, el sobrecoste del transporte o la fragilidad de nuestras cadenas logísticas. El Régimen Económico y Fiscal (REF), el AIEM o las ayudas al transporte eran medidas para compensar desventajas estructurales, proteger sectores estratégicos y garantizar una mínima competitividad.


Hoy, el mundo ha cambiado. El comercio es global, la competencia es digital y el talento ya no espera a que le hagan hueco: directamente se marcha donde lo valoran. En este nuevo contexto, algunos de los instrumentos que un día nos protegieron se han convertido en obstáculos para avanzar. Canarias necesita defender lo suyo, sí, pero también necesita repensarlo todo. Revisar el REF, revisar, o eliminar, el AIEM, revisar cada mecanismo que, más que impulsarnos, se ha utilizado para justificar la parálisis.


El problema no es que existan estos instrumentos. El problema es que se han convertido en una coartada para no hacer nada. El problema es que los hemos entregado a unos pocos, que los gestionan con miedo a perder su posición, y que han confundido protección con privilegio. Se han blindado intereses concretos mientras se ha abandonado el interés general.
El establishment empresarial, y por arrastre, el político, se resiste a modernizar lo que claramente ya no funciona. No porque les vaya bien así, sino porque tienen miedo. Miedo a que entren nuevos actores. Miedo a perder la ventaja de ser “los de siempre”. Miedo a que se note que sus beneficios no vienen solo de competir, sino de estar bien colocados.


Mientras tanto, una generación entera de emprendedores, técnicos, profesionales y pequeños empresarios levanta proyectos con una mano y esquiva trabas con la otra. Viven en una economía donde la burocracia es un lastre, donde los incentivos van a quien no los necesita, donde innovar es nadar contracorriente. Muchos terminan fuera, otros resisten, pero casi todos lo hacen sin el respaldo de un sistema que debería empujarles, no frenarles.
Canarias fue durante años una de las comunidades líderes en crecimiento. Hoy lideramos los rankings de lo que nadie quiere: los salarios más bajos, la cesta de la compra más cara, la vivienda más inaccesible. Líderes en lo malo a pesar de contar con herramientas únicas.

¿Cómo es posible?
La respuesta es incómoda, pero evidente: porque no nos hemos atrevido a cambiar lo que hay. Porque hemos confundido estabilidad con inmovilismo. Porque se nos ha olvidado que proteger un modelo que ya no funciona es condenar a las próximas generaciones a vivir con menos, aspirar a menos y esperar menos.


Demasiadas promesas incumplidas como para seguir diciendo que lo dejen todo quieto. Lo peor no es no aprovechar lo que tenemos. Lo peor es ni siquiera atrevernos a preguntarnos qué más podríamos tener si dejáramos de proteger tanto lo que ya no da.


Canarias necesita un nuevo pacto económico. No solo entre partidos, sino entre generaciones. Un pacto que abra el mercado, que incentive el talento, que premie la innovación y que deje de proteger lo improductivo. Un pacto que no tenga miedo de reformar lo que ya no sirve. Porque si no lo hacemos ahora, dentro de otros treinta años seguiremos preguntándonos cómo fue posible haber tenido tanto… y haber hecho tan poco.

*Fundador y propietario de Dormitorum

TE PUEDE INTERESAR