Me han enviado la foto de un prócer portuense meando en el tronco de un indefenso árbol. Parece costumbre. Yo animo a la autoridad municipal a que le asigne al del chorro una farola para proteger la flora local, frondosa donde las haya. La vejez es muy triste pero también el viejo cagalitroso adquiere unos hábitos poco recomendables, entre ellos el de la regadera prostática sobre tronco, que suele ser muy contundente, porque no hay nada más denso que la micción de un anciano carrucho. Manolo Alemán, que consumió su ingenio trabajando en un juzgado de La Laguna y ayudando a la gente, decía que siempre hay un mago mirando. A menudo la frase se me atribuye a mí, pero no es propia. Es de Manolo y deberíamos hacer justicia a este hombre observador e ingenioso. Es peligroso sacar la minga desinhibida en la calle porque el mago transeúnte, el mismo que en el campo se sitúa sobre una piedra para vigilar al cuñado y para saber si puede cambiar subrepticiamente la linde en un plis plas, va y te saca la foto y te inmortaliza la pieza y ya queda eso ahí reflejado. En fin, que en ausencia de váteres en las calles y con la costumbre que tienen algunos bares de poner escaleras de caracol para acceder a eso que llaman “los servicios”, quienes sufrimos de una edad llamada provecta hemos de arreglárnoslas para desaguar en lugares más cómodos, aunque sea a la vista del común. Podemos bajar esas escaleras, pero subirlas es otro cantar. Y el árbol receptor suele estar en llano, con lo que uno va arrastrando los pies, planchando, hasta el pobre y sufrido tronco, que recibe el indeseado maná con la cara de Un monstruo viene a verme, el celebrado film de Bayona. Habilitémosle al meón una farola, porfa.
NOTICIAS RELACIONADAS

