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Electricus

María Luisa Hodgson

La paleoantropología considera al Homo habilis el primer ser humano de la historia. Elaborar herramientas le abrió las puertas del Cielo. Esto aconteció hace unos 2.8 millones de años. Luego, tras una evolución no lineal (Homo ergaster, Homo erectus, Homo antecessor, Homo heidelbergensis y Homo neanderthalensis), surgió el Homo sapiens, que incorporó la capacidad del lenguaje, la creación artística y el pensamiento abstracto. En la actualidad, domina el Homo electricus, especie que nació después de que Thomas Alva Edison inventase la electricidad en 1879. Desde entonces todo ha ido muy rápido. El sapiens contemporáneo es eléctrico y convive, para su desdicha, con el Homo corruptus, homínido que se resiste a la extinción. Bicho malo. El resplandor del Mundo se apaga. Involución política. Tortura. Deterioro inimaginable en La República de Platón y en la sociedad primitiva del hermano macaco.

Sometido al ion me sumerjo en la psicodelia del compositor Cristóbal Halffter. Su pieza Homo electricus perturba, engancha. Excitante locura. Igor Stravinsky y La Consagración de la Primavera es peccata minuta al lado del dolor de cabeza que orquesta el músico español fallecido en 2021. Hijo del tungsteno y del led, imaginó la disonancia de enchufar los dedos. ¡Hey! Me recreo en el chamusque más alucinógeno, en el éxtasis de sentirse un maldito rayo contorsionista en noche de tormenta. Mándate una papa. O sea, un electrolito almidonado.

El electricus es dependiente. Es un yonqui adicto a las partículas atómicas. En vena. Imposible vivir sin enganche, sin la batería cargada. El desodorante, destructor de olores molestos, es secundario. Antes una crisis de pareja o de reputación que una crisis energética. Por eso, el Real Decreto antiapagón era agua de mayo después del fundido a negro del 28 de abril. Pero a perro flaco, voto en contra del PP, Vox, Unión del Pueblo Navarro, Junts, Podemos y BNG.

Vuelve lo oscuro, las tinieblas de Bram Stoker, el miedo a la mordedura del vampiro, aunque la sangre, todavía, no llegue al río. Aguanta la XV Legislatura, la tercera de Pedro Sánchez, pese a que la tierra quemada por las sombras aún lama las heridas de la desconexión. La Palma, no obstante, arde más. La Caldera sufriente registró otro cero energético el 10 de junio después de que se registrase una avería en la Central térmica de Los Guinchos en Breña Alta. En el Archipiélago es el cuento de nunca acabar: desde 2009 ha soportado, incluida la última, ocho bailes en penumbra. Lógico que Cristina Valido (CC) votase favor de la luminiscencia junto al PSOE, Sumar, ERC, PNV, Bildu y Compromis. Canarias lucha. Ahora toca, durante el verano, renegociar nuevos apoyos. Será en un bar, en una tumbona, en una terraza, entre cervezas, profilácticos y protectores solares, donde se pacte, de una puñetera vez, darle estabilidad a la luz. Y unos camarones.

De pronto, el combustible. La ciudadanía sueña con un asfalto limpio. El transporte se electrifica. Las cosas ya no son como antes. El olor a combustible no es grato. Tampoco consumir azúcar y café. Mejor, edulcorantes y té Matcha. Da miedo la existencia y la muerte. Y opinar. En medio de la selva no hay paciencia que resista buscar puntos de recarga para vehículos híbridos enchufables o cien por cien sostenibles. Cuestión de suerte, algo así como buscar aparcamiento en el centro de la ciudad inteligente. Sobre ruedas hasta la esquina. Otra opción es cargar con paciencia en los parkings de supermercados y centros comerciales (shopping), o hacerlo cuando el común de mortales dormita. Consuela el silencio, rodar en silencio. No hay combustión que altere el sueño de la vecindad durmiente.

Levantarse es encender la vida.

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