tribuna

Feijóo acude al muladar

Terminado el pleno extraordinario de ayer en el Congreso y desvelado el Código Sánchez para erradicar la corrupción, los diputados y senadores se han marchado de vacaciones, pero… vuelven. El debate fue, otra vez, el choque malhumorado, trufado de odio, de unas gentes (me cuesta decir señorías) que han reducido su “trabajo” a gritar, patalear e insultar, algo que no se les consentiría en ningún otro lugar y que quizá ellos desconocen por la estupenda razón de que en su vida no han hecho otra cosa que ser hooligans y palmeros del partido.

Campeones ayer fueron el jefe de la oposición, Núñez Feijóo, y su grupo parlamentario. Vapuleado por Pedro Sánchez en una réplica y a falta de mejor argumento, el jefe del PP hundió la mano en el muladar para buscar munición contra Sánchez, al que le espetó haber vivido de la prostitución. Lo más amable que le dijo fue mentiroso a cuenta de la OTAN. Feijóo agita a los suyos como si estuviesen en campaña, pero tendría que ser más cauteloso porque adelantar elecciones solo beneficiaría al PP y a Vox, Y “lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no nace” (Antonio Gramsci, Cuadernos de la cárcel)…, por mucha prisa que tenga el PP. A regañadientes y con amenazas, los socios de Sánchez han dicho que no le dejan caer pero que no se confíe y le han entregado la factura correspondiente para que estudie en verano.

Antes del debate, con una vela a Vox y otra a los nacionalistas, de perfil en mitad de la escalera, el líder del PP había hecho guiños a los independentistas todavía socios de Sánchez, mientras se reunía a solas con Abascal y entregaba el mando del PP a Miguel Tellado, un genuino cocodrilo del Nilo llegado de la ría de Ferrol y a Ester Muñoz, la leona leonesa que le ha tomado el relevo como portavoz en el Congreso, una, verdadera avispa de mar. No forman precisamente una pareja para salir a hacer amigos centristas. Si en las próximas elecciones obtuviese 165 o más diputados, que solo lo ha logrado una vez el PP, Feijóo tendería la mano al PNV del palacete de París y a los golpistas de Junts, hablaría catalán en la intimidad y mandaría a paseo a Abascal. Si no le diesen los números, gobernaría con Vox o con su anuencia, y santas pascuas. Hacer de la necesidad virtud no es un arte exclusivo de Sánchez.

La cosa va a estar interesante porque aunque en el PP acampan tribus de gente moderada, hay otras que no han olvidado ni quieren hacerlo que Vox nació de sus entrañas y lleva su ADN y eso explica la atronadora ovación a Feijóo cuando el líder del PP anunció desde la tribuna del congreso del partido que él no aislará con un “cordon sanitario” a la formación de la extrema derecha, Los aplausos generosos volvieron al salón cuando el líder aludió a los asuntos más queridos por las huestes de Abascal.

Aburre insistir en que lo más democrático sería que Sánchez (sin presupuestos, con apoyo más que precario en el Congreso y sin respaldo ciudadano), convocase elecciones. Lo pide a gritos la derecha, de manera interesada, claro, y también votantes del PSOE que dicen que se han quedado huérfanos de representación. Pero, parapetado detrás de los buenos números de la economía macro, Sánchez resistirá en Moncloa hasta agotar la legislatura, pese a la crisis de credibilidad personal, del PSOE y del Gobierno, y al enfrentamiento provocado por dos versiones patológicas de salvadores. Sánchez nos quiere salvar de la extrema derecha y Tellado dice que han hecho el congreso del partido para salvar a España.

Todo apunta a que Núñez Feijóo heredará el Gobierno, pero el mérito principal será de Pedro Sánchez, que es el mejor aliado de sí mismo, y también su peor enemigo. Eso, salvo que se opere el milagro de 1993, que recuerda Carmelo Rivero, cuando Felipe González, perdedor en las encuestas, obtuvo casi un millón de votos más que José María Aznar, ahora tan desmemoriado. Veremos.