tribuna

Tenerife, más de lo mismo

Por Miguel Ángel Serrano

Acudí a una charla sobre el turismo y retos estratégicos de Tenerife. Por su título, parecía interesante. Esta se prolongó por más de una hora. Escuche con atención y, a medida que su exposición avanzaba, mi sensación era más de lo mismo, pero cambiando la persona que disertaba. Relato de lo que iban a hacer, sin ningún análisis pormenorizado de los 10 problemas más importantes a resolver en Tenerife, y sin aportar propuestas ponderadas y realistas.

Llevamos en Canarias más de 40 años, en que los gobiernos han sido cosa de tres, Coalición Canaria, PSOE y PP. Ha habido avances, pero estos están lejos de cumplir con las necesidades de los canarios. Esta etapa ha coincido con un periodo floreciente de datos económicos, en gran medida, sustentado en el turismo. Tenerife, una Isla con marcada sobrecarga poblacional, sufre un deterioro progresivo de sus estructuras y de la calidad de vida de sus residentes.

Los políticos son elegidos para un puesto cuya temporalidad es de cuatro años. El primero, lo emplean para conocer las singularidades de su puesto, los dos siguientes para hacer algo y el último, para procurar que los vuelvan a elegir. Convierten el yoismo o a lo más, el nosotros, en su faro. Tras pasar el primero año, encargan proyectos, que se abonan con nuestros impuestos; proyectos los cuales habitualmente no se ejecutan. Tras las siguientes elecciones, el nuevo equipo político lo desechan incluso aunque hubieran sido promovidos por su mismo partido. Reitero, se hacen proyectos, nos los cuentan, los pagamos y los guardamos en una gaveta. Parecen pollos sin cabeza.

El principal motor económico de las islas, el turismo, ha tenido varias etapas. Inicialmente relacionado con la creación de hoteles, más tarde, con los complejos de apartamentos y por último, con las viviendas vacacionales. Las tres etapas demandan mano de obra, en la gran mayoría, foránea. La industria turística y sus trabajadores tensan un territorio limitado y unas estructuras que no se han ido adecuando a dicho crecimiento. Llegan nuevos trabajadores que, rápidamente se convierten en residentes. Reclaman viviendas, pero su número no ha crecido acorde con el incremente poblacional; es más, se ha reducido al convertirse estas en viviendas vacacionales. Muchas de ellas ilegales gracias al deficitario control administrativo.
No estoy en contra del turismo, pero un crecimiento del 7% no es viable. Es complejo hacer un equilibrio entre desarrollo y sostenibilidad. Resulta decepcionante por parte de nuestra nueva clase política señalar como único argumento en contra de las recientes el hecho de que provengan de partidos o grupos marginales de izquierda. Señores políticos, ustedes como residentes, transitan por nuestra colapsada red viaria, sufren un sistema sanitario al límite, instauran situaciones de alerta hídrica y acuden a las playas cerradas por vertidos. Si no ven esta realidad, entonces, sí que es preocupante. Nuestro conferenciante, defendía el desarrollismo como principal fundamento. Pero un desarrollismo sin sentido, nos llevará al abismo.

Otro argumento esgrimido fue que no era procedente ningún tipo de ecotasa dado que en la legislatura anterior, se habían acumulados unos 1.200 millones de euros, sin usar. Pues peor me lo pone.

Nuestros problemas vienen de antaño y se han agudizado por no darles respuesta en tiempo y forma. Cualquier plan debe estar pactado a 15-20 años, y, por lo tanto, firmado y asumido por los tres partidos que han gobernado y gobernarán en la isla de Tenerife.
La zona habitada de Tenerife puede ser calculada como una gran ciudad. Siguiendo su esquema, los ciudadanos suelen acudir a su lugar de trabajo en transporte público. A lo más, toman sus coches para trasladarse desde sus casas a la estación del tren o del autobús. Se debería valorar soluciones ferroviarias como ha sido el tranvía, tan criticado en sus comienzos, pero tan utilizado en nuestro día a día. Hasta que eso pase, en lugar de cambiar la hora de entrada a la Universidad, se debería estudiar la posibilidad de una circunvalación de la zona metropolitana, partiendo de la TF-5 a nivel de Guamasa y llevando una nueva vía hasta el infrautilizado puente de la TF-1 en su salida de El Sobradillo. Así el tránsito Norte-Sur no entraría en la congestionada zona metropolitana, incluido el aeropuerto TF-Norte.
Pero no es solo un problema viario. La sanidad está desbordada, no solo por limitados recursos, sino por la mala gestión a consecuencia de su dependencia política, que cambia de criterios cada 4 años tras las elecciones locales. Nuestra sanidad y su progresión no está en consonancia con el crecimiento poblacional y el envejecimiento. Mientras las urgencias están desbordadas, existe por otro lado una carencia crónica de residencias para mayores.
Además, los indicadores relacionados con la educación, el problema hídrico, las emisiones al mar, la sobreexplotación de nuestros espacios protegidos y el descenso del poder adquisitivo de la población trabajadora nos alertan de que así no debemos continuar.

Para resolver los problemas anteriormente referidos, tenemos que analizar cuáles son nuestras herramientas. La política y la administración. La primera, la gestionan los políticos, que en su mayoría son profesionales de la misma. La administración, con sus interminables normas y regulaciones, se ha convertido en una institución inmovilista con capacidad de retroalimentarse. Ambas instituciones son expertas en ralentizar y en ser poco eficientes. La solución no es incrementar el número de empleados públicos, es agilizar y solucionar problemas.

Para concluir podemos usar un ejemplo. En 1974, don Rubén Henríquez, insigne arquitecto, haciendo referencia a la evolución del área metropolitana de Tenerife para el 2050, señaló que esta abarcaría desde el Valle de La Orotava hasta el Valle de Güímar. Ante esta alerta, la sociedad tinerfeña y sus políticos tomaron la acostumbrada postura del NO. No va a ocurrir. A lo más realizaron múltiples proyectos que, pagándolos todos, no se han ejecutado y así estamos, camino de quedarnos atrapados y desfasados ante las nuevas necesidades. Señores políticos, el cortoplacismo no lleva a nada. Para avanzar tenemos que seguir senderos asesorados por expertos y acordados por sus respectivos partidos políticos.