Después de haber inundado a la política de mentiras hasta poner la credibilidad por los suelos, ahora los dos grandes partidos españoles se enzarzan en la guerra de los títulos, como si con eso pudieran corregir la sarta de embustes en que han convertido a la acción de gobierno allí donde lo hacen. Volvemos al origen y las calles se llenarán de las consabidas pintadas de “PSOE y PP la misma mierda es”. Esta polémica deja fuera al resto de partidos, sobre todo a los que representan las posiciones más radicales. Aquí ya no queda otra opción para salvarse que ser un practicante del populismo extremo o militar en el independentismo, en cada una de sus versiones. En esto se están entreteniendo los periodistas de investigación durante estos días aburridos del verano. No es nada nuevo. Ya lo han hecho en otras ocasiones sin importarles el desaguisado que provocan. Alguien piensa que con esto se acabarán los destrozos provocados por los audios de Koldo, pero va a ser que no. Lo de la titulitis afecta a la sociedad de una manera global y se da en todos los ámbitos, al tratarse de un asunto en el que se fía la eficacia en ser al menos diplomado universitario. Todo el mundo sabe que esto no es así, y la demostración está en los tres acompañantes del Peugeot que no sobresalían precisamente por sus currículos. Aquí se han utilizado todo tipo de estrategias, y en un mes hemos pasado de la foto con el narco a las saunas, a las putas y ahora a los títulos. Convendrán conmigo en que no es un asunto serio. Lo que se echa en falta es un poco de sentido común, pero el error está en considerar que no existe más allá de las militancias de los partidos. La gente de a pie, los ciudadanos que votan, están alejados de estas cuestiones, que solo atañen a los consumidores de los respectivos argumentarios, dedicados a odiarse mutuamente, pensando que el resto de la sociedad piensa y hace lo mismo. En la guerra de los títulos caerán algunas piezas, pero en cuanto se den cuenta de la ineficacia de la medida pasaremos a otra cosa. Hoy anuncia la prensa que Putin está de acuerdo en reunirse con Zelenski con el arbitraje de EE.UU. No creo que sea debido a que Trump haya desplegado un submarino nuclear por no se sabe donde. No espero que lleguen a nada. Putin quiere lo que quiere desde el primer momento y Zelenski sabe cómo resistir. Cada uno tiene sus razones para desear que el conflicto acabe pronto, pero también para que no acabe. Yo no me atrevería a adelantar un resultado. Lo mismo digo de Gaza. El mundo se dividirá en partidarios de una política o de la contraria y Hamás no entregará los rehenes desnutridos porque entonces perdería sus bazas. En todas partes suceden cosas parecidas, y si no que le pregunten a Puigdemont. De momento Sánchez, Illa y Zapatero se reúnen en Lanzarote. No creo que junto a la Montaña del Fuego vayan a acordar un alto el fuego. La cosa seguirá después del verano y lo más probable es que en 2026, sin presupuestos y con las encuestas en contra, se convoquen elecciones y empecemos todos a construir un relato diferente; el relato de la regeneración y la recuperación, que está tardando más de la cuenta en producirse. Esta semana empieza una nueva ola de calor. Dicen que durará hasta el domingo. Veremos algunos incendios y antes de que nos demos cuenta entrará septiembre, nos habremos olvidado de los títulos y hablaremos de otra cosa. Como dice Boye, Sánchez debería pensar en armar una estrategia jurídica para su defensa. Tal vez en eso consista su nuevo chantaje.
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