con perspectiva

Pulseras antimaltrato

Desde hace unas semanas, la polémica generada por las incidencias de las pulseras antimaltrato ha copado la actualidad política, politizando -valga la redundancia- una cuestión que poco tiene de bandos, salvo por aquellos que deciden subirse al carro de las dimisiones aun habiendo banalizado, e incluso negado, la violencia de género. Lo que ha sucedido, según cuentan sus responsables, es que la migración llevada a cabo de las antiguas empresas adjudicatarias a las nuevas en el año 2023 originó problemas y pérdidas de datos.

Por aquel entonces, trabajadores de Cometa, el centro encargado de gestionar el funcionamiento de las pulseras, alertaron de diversos fallos: los agresores podían manipular los nuevos dispositivos, no eran resistentes al agua y, en ocasiones, se daban errores en la geolocalización por falta de cobertura, sobre todo, en zonas rurales. Tras varios días entre dimes y diretes sobre esta presunta problemática, el Ministerio de Igualdad admitía mal y tarde los fallos en las pulseras que sirven para controlar a los maltratadores y, siendo aun más necesario, pedía perdón a las víctimas que han sufrido las duras consecuencias de esta nefasta gestión, pudiendo toparse con su agresor sin que el dispositivo alertara de su presencia. No cabe duda de que estos hechos han supuesto gasolina para la derecha, que no ha vacilado en abanderarse de una lacra social junto a un partido político que lleva años negándola entre críticas a las leyes que ayudan a prevenirla y supuestas denuncias falsas de las víctimas que, por cierto, según los últimos datos de la Fiscalía General del Estado, solo representan el 0,01 por ciento. Lamentablemente, la falta de información por parte del Gobierno a la hora de afrontar estos incidentes ha desacreditado un sistema que, bien gestionado y respaldado por los recursos necesarios para su plena efectividad, protege a las supervivientes de la violencia machista. Y es que, desde el año 2009, cuando España implantó las pulseras antimaltrato de forma pionera, más de 20.000 mujeres las han utilizado en algún momento, y ninguna de ellas ha sido asesinada.