tribuna

Una palomina para Trump

La ONU, que no atraviesa sus mejores días a causa de las embestidas de Netanyahu, Trump, Putin y otros tipos de su misma condición, celebra hoy, como cada 2 de octubre coincidiendo con el aniversario del nacimiento de Mahatma Gandhi, el Día Internacional de la No Violencia, en vísperas de que se haga púbico el ganador del Premio Nobel de la Paz de 2025. Por sorprendente que pueda parecerle, entre los que esperan el galardón está, nervioso como un flan, el presidente de los EE.UU., que se considera legitimado para ser honrado con la distinción. Respalda su candidatura Benjamín Netanyahu, el primer ministro de Israel, que tiene sobre su conciencia la muerte de al menos 66.000 personas (hay fuentes que dicen 200.000), víctimas del genocidio del pueblo palestino en Gaza. ¡Menudo aval!

Se hace raro juntar en un mismo texto los nombres de Gandhi y de Trump, un icono de la paz reconocido universalmente versus la iracundia de una persona violenta que quiere pasar por pacificador, cuando es público, y él se jacta de ello, que asfixia financieramente a la ONU y bloquea su Consejo de Seguridad, que son los instrumentos que tiene aún la comunidad internacional para dirimir las diferencias sin violencia y hacer del mundo un espacio habitable.

La actitud vital de Gandhi es sugestiva para contraponer a un fatuo como Trump, que necesita ser siempre el centro de atención. Probablemente nada le descolocará tanto como que los demás pasemos de él. Le saca de quicio el apodo que le ha puesto el colega del Financial Times Robert Amstrong. Le llama Taco, un acrónimo formado por cuatro palabras en inglés Trump Always Chicken Out, que se puede traducir como “Trump siempre se acobarda”. Mete miedo con gestos agresivos, pero da media vuelta cuando alguien le planta cara.

Incluso contabilizando el acuerdo con Netanyahu como mérito de haber diseñado un plan de paz para Gaza, atender la presión de Trump y concederle el premio Nobel de la Paz sería una injusticia aún mayor que no habérselo dado a Gandhi en alguna de las cinco veces en las que estuvo nominado. Aunque él se atribuye la supuesta pacificación de ignotos conflictos, su bagaje en la materia no pasa de la experiencia de un programa de telebasura en el que, como presentador, obligaba a avenirse a concursantes a los que previamente había enzarzado. Lo que ha hecho desde que llegó a la Casa Blanca es bien conocido: amenazas, persecuciones y siembra intensiva de discordia, dolor y odio. Una hoja de servicios incompatible con el premio Nobel de la Paz, si acaso, merecedora de una palomina del pájaro símbolo de la paz.

Detener la masacre de Gaza es un alivio, pero, con independencia de la respuesta de Hamás, el texto del plan suena a ultimátum, imposición y trágala. Trump ha vestido de plan de paz su proyecto inmobiliario de convertir Gaza en una nueva Riviera y se lo quiere imponer a Hamás con la amenaza de que si no lo acepta quitará el bozal a Netanyahu para que “acabe el trabajo”, la aniquilación total. La seguridad del negocio resultante, en el que Trump se reserva la presidencia de una Junta de la Paz, estará a cargo de una Fuerza Internacional de Estabilización, nada de cascos azueles, con el ejército de Israel como responsable de la vigilancia del perímetro de la Franja, un despliegue tópico de operación jaula. A la ONU, vapuleada por el dueto Trump-Netanyahu, se le deja participar en la ayuda humanitaria. Habría sido más honrado reconocer que Israel, que creó el monstruo de Hamás para debilitar a la OLP , ha decidido hacerlo desaparecer.

Con Gandhi y su resistencia no violenta en el recuerdo, me sumo a las voces de esperanza, condicional y contenida, de que estemos en el comienzo del fin de la organización terrorista Hamás y del terrorismo de estado de Israel, y también una fecha para pasar olímpicamente de Trump. ¿Se imagina como encajaría su desmesurado ego que allá donde llegase fuese recibido con indiferencia? Brazos cruzados e indiferencia de todos en todas partes para hacerle ver que, como aprendimos de Gandhi, la violencia es el límite de su incompetencia.