con perspectiva

Borrar de un ‘pinchazo’

En 2023, un informe de la Sociedad Española de Medicina Estética recogía que el 46,6 por ciento de la población española se había realizado un tratamiento de medicina estética, siendo el relleno con ácido hialurónico uno de los más solicitados. Una cifra que, muy probablemente, ha aumentado en estos últimos años si uno se fija con detenimiento dando un paseo por la calle.

Según el estudio, los más jóvenes, con edades comprendidas entre los 16 y los 25 años, han experimentado un aumento de la demanda de retoques, a pesar de la firmeza y el colágeno propio de la juventud. Chicas que piden labios gruesos y perfilados en su decimoctavo cumpleaños. Lo que a nadie sorprende es que casi el 70 por ciento de las personas que destinan una importante cuantía de sus ingresos a esta rama de la medicina sean mujeres.

La tendencia nace del incesante bombardeo en redes sociales del cuerpo que muchos consideran perfecto, con narices respingonas y pechos más que firmes. Una sobreexposición corpórea que catapulta lo superfluo de la apariencia física, amparándose en la importancia de acabar con los complejos para sobrevivir al día a día, pero sin incidir en lo vital de la aceptación y el cuidado del cuerpo sano con el que la naturaleza nos ha dotado.

Sea como fuere, someterse a tratamientos que son necesarios renovar periódicamente, con el pertinente desembolso económico, e incluso, entrar en quirófanos por el simple hecho de agradarse físicamente no es una cuestión baladí, teniendo en cuenta que cada vez son más las jóvenes que se prestan a ello.

¿Dónde queda la herencia paterna o materna de un mentón prominente y una boca pequeña? ¿Dónde quedan los rasgos propios de cada uno y la belleza de la diversidad? Mientras unos ven encanto en unos pómulos y un labio interior inyectados de bótox, otros perciben la desidia de una sociedad -la mayoría, mujeres- víctima de un canon estético que empuja a borrarse de un pinchazo cualquier atisbo de singularidad e identidad que no cace con el rebaño.