tribuna

El Padre Anchieta: una vida de leyenda en el Brasil

La longevidad es un concepto relativo. Algunas vidas, aunque breves, irradian tal intensidad que parecen abarcar siglos. Como dijo Cervantes, “Sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro si no hace más que otro”. La vida de José de Anchieta es un claro ejemplo.En 1534, apenas 38 años después de la conquista de Canarias, nacía en San Cristóbal de La Laguna. Hijo de un funcionario guipuzcoano y una noble canaria de ascendencia judeoconversa, su inteligencia precoz lo llevó a estudiar en Coímbra, Portugal, un lugar más tolerante para los “nuevos cristianos”. Tenía 14 años cuando se marcha para no regresar jamás a su isla natal. En tierras lusas, Anchieta se convirtió en un erudito políglota, dominando el latín, el español y el portugués, tanto en prosa como en verso. A los 18 años, impulsado por su fe y vocación de servicio, ingresa en la Compañía de Jesús, casualmente fundada en el mismo año de su nacimiento por otro guipuzcoano, San Ignacio de Loyola, pariente de su padre. Partió hacia el Brasil en un segundo viaje definitivo. Mientras que en Canarias no hubo interés por crear una gramática de las lenguas aborígenes, esto sí se hizo en tierras americanas tanto por españoles como por portugueses. Anchieta elaboró la primera gramática tupí-guaraní, una de las familias lingüísticas más extendidas de Brasil. Esta obra fue fundamental tanto para la evangelización como para el posterior estudio de estos idiomas. No solo dejó un legado lingüístico, sino también fundacional. Participó en la fundación de ciudades tan importantes como São Paulo (1554) y Río de Janeiro (1565), además de ser considerado el precursor de la literatura y el teatro brasileño. Su labor polifacética lo lleva a dejar sus conocimientos plasmados en valiosos testimonios sobre: la mineralogía, la flora, la fauna y la antropología del Brasil del siglo XVI. Como buen jesuita del renacimiento, “tocó todos los palos”. José de Anchieta (1534-1597), conocido como el Padre Anchieta, es venerado como San José de Anchieta desde 2014. Su labor evangelizadora, lingüística, humanística y cultural le valió el título de Apóstol de Brasil. Desde 2015, es copatrono de Brasil, el país con mayor número de católicos en el mundo. Esta fe es profesada por el 63% de una población de 216 millones de habitantes, lo que lo convierte en la séptima nación más poblada del planeta. La dimensión de figuras como Anchieta es difícil de comprender hoy en día. En aquella época, un sacerdote no era solo un sacerdote, ni un militar se limitaba a sus funciones castrenses. Dominaban diversas disciplinas, como hombres del Renacimiento. Erudición, vocación y sacrificio eran sus herramientas, con los libros y los maestros de la época como aliados. La biografía de este ilustre canario nos invita a reflexionar sobre una época y unos valores difícilmente comparables con los actuales. Hemos pasado de la leyenda dorada a la leyenda negra, asumiéndola sin apenas reflexión crítica y despreciando a menudo los valores del pasado. Esta “moral pendular” nos impide aprovechar lo mejor de cada época, pues cada una tiene su auge y su decadencia, pero de todas se pueden sacar enseñanzas. El legado de San José de Anchieta perdura en Brasil y en Canarias, como testimonio de una vida dedicada al servicio y al conocimiento. Nos recuerda la importancia de conocer y valorar nuestro pasado, sin caer en idealizaciones ni desprecios. Sin duda ninguna, puede decirse que vivió cien vidas en una.

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