tribuna

Emergencia climática para rato

Todavía hay quienes no quieren ver la gravedad, pero el cambio climático nos mata, 1.500 personas cada día, según Lancet Countdown. Detener esta amenaza exige sustituir el carbón, el petróleo y el gas por otra energía de fuentes renovables y frenar así el crescendo de olas de calor (2023, 2024 y 2025 han sido los años más cálidos desde que hay registros), grandes riadas por danas cada vez más destructivas, violentos incendios forestales imposibles de sofocar, mortíferos huracanes, reducción de las cosechas e incremento del hambre.

Inasequibles al desaliento, científicos y representantes de organizaciones no gubernamentales debaten estos días en la Cumbre del Clima, en la brasileña ciudad de Belém, las medidas necesarias para salvar el compromiso alcanzado hace diez años en Paris, que la temperatura del planeta esté solo entre 1,5 y 2 grados por encima del nivel preindustrial, para lo que hay que reducir considerablemente las emisiones de gases que producen el efecto invernadero.

En la reunión se estudian los nuevos planes nacionales de acción (NDC, por sus siglas en inglés) y el estado de los compromisos financieros alcanzados en la reunión del año anterior (COP29) que tuvo lugar en Bakú, Azerbaiyán, todo ello en un ambiente que se parece poco al de hace un par de años, cuando en la CUP28 de Dubai (Emiratos Árabes Unidos), y sin Trump en la Casa Blanca, se dijo enfáticamente que era el principio del fin de la era de los combustibles fósiles.  Los expertos de la ONU consideran que para llegar al objetivo de París (1,5 grados por encima del tiempo preindustrial) es necesario reducir el 55% de los gases causantes del calentamiento global, o el 35% para 2 grados y,sin embargo, calculan que las emisiones caerán solo el 11% para el año 2035 y no el 25% como se habían propuesto, porque dos de los tres países más contaminantes (China e India) proponen tímidos avances y EE.UU., el segundo país del mundo que más CO2 emite, va a la contra y amenaza a los países que pretenden reducir el volumen de emisiones. Por imposición de Trump, EE.UU. no solo se queda fuera del proceso, sino que alienta la explotación de petróleo y gas (perfora, baby, perfora) y arrastra en esa dirección a grandes petroleras, bancos y fondos de inversión. En Europa, después de un duro proceso interno de discusión, la UE ha decidido mantener el objetivo de reducir el 90% de sus emisiones en 2040, pero es evidente que ha bajado el entusiasmo de su “Agenda Verde” y no acaba de sacudirse la presión de las grandes corporaciones industriales, que quieren ralentizar el proceso, ni el negacionismo de los grupos de extrema derecha, como denunció ayer Pedro Sánchez en el pleno del Congreso.

La exigencia de abandonar los combustibles fósiles inquieta en los países con reservas de hidrocarburos porque se les pide renunciar a la explotación de los recursos de los que viven y preocupa también a los países industrializados que asientan su economía y bienestar en un elevado consumo de gas, como la Unión Europea. Se teme, además, que la renuncia a las energías fósiles alumbre un nuevo orden internacional, algo así como repartir de nuevo las cartas en una partida. Una incertidumbre que produce vértigo.

Para enfrentarse con éxito a las amenazas catastróficas del cambio climático es necesario que los más refractarios entiendan que la solución es global o no será y que no colaborar en la descarbonización es perjudicial también para ellos. Por su propio interés, los negacionistas no deberían descolgarse del proceso y cabría, incluso, apelar a la solidaridad (intergeneracional, interterritorial, económica, social…), pero hoy es como predicar en el desierto. Solo queda esperar a un tiempo en que hablemos de Trump en pasado.

Queda aún una semana de trabajo para negociar la manera de seguir adelante con el proceso de descarbonización, pero es difícil ser optimista. Un acuerdo de futuro sobre el cambio climático requiere un ambiente político internacional distinto al actual, por ello no es previsible que se alcancen grandes resultados y ni siquiera hay seguridad de que se cumpla la resolución final. Para solaz de conspiranoicos y negacionistas, la emergencia climática tiene aún recorrido.