Mientras el bloqueo de la XV legislatura española toma cuerpo, la ciudad de Bélem, en Brasil, acoge una nueva Cumbre del Clima (ecopostureo) y Trump recomienda los frijoles liberales de la Pequeña Habana de Miami para escapar del ‘régimen comunista’ instalado en Nueva York, en Tenerife, una pequeña isla atlántica, el Instituto Tecnológico y de Energías Renovables (ITER), continúa conmemorando su 35 aniversario con un programa especial de actividades divulgativas orientadas a acercar la ciencia, la tecnología y la sostenibilidad a la ciudadanía. Se trata de vender lo verde y sacar pecho de las fortalezas: la sede del ITER, construida en 1995 en el Polígono Industrial de Granadilla, fue seleccionada en septiembre de 2002, en la Conferencia Internacional de Edificios Sostenibles celebrada en Oslo, como el segundo del Mundo por sus especiales virtudes medioambientales.
Muy cerca, en los terrenos del Parque Tecnológico, se encuentran veinticuatro viviendas unifamiliares bioclimáticas dispuestas a ofertarse como unidades alojativas (119 plazas) después de que hayan permanecido cerradas desde 2020. El Cabildo, a través del ITER, ya ha adjudicado la gestión a varias empresas, que dispondrán de un plazo de seis meses para ponerlas a punto. Las primeras estarán operativas entre los meses de abril y mayo de 2026.
Declaradas Casas Emblemáticas de Interés Científico, las construcciones están equipadas con sensores y sistemas de monitorización que permiten generar datos en tiempo real sobre eficiencia energética, confort térmico y comportamiento ambiental de materiales. Además, para evitar el impacto ambiental, la urbanización se integra en el paisaje.
Estas viviendas bioclimáticas son el resultado de un concurso de arquitectura internacional impulsado en 1995 por el Cabildo Insular de Tenerife y el propio ITER, respaldado por la Unión Internacional de Arquitectos. Fue organizado por el Colegio Oficial de Arquitectos de Canarias bajo el decanato de Francisco González Reyes. Concursaron 397 proyectos de 38 países, seleccionándose 25. También se construyó un centro de visitantes, obra del ganador del Certamen, César Ruiz-Larrea.
En el proceso constructivo cabal y comprometido prima la sensibilidad con el territorio y la conciencia con el mínimo consumo energético, sin menoscabo del confort. Ahí reside la esencia del bioclimatismo. Con esta idea, se presentó en su día el Manual Bioclimático de Canarias (Mabicán), una guía para avanzar en la sostenibilidad energética de la edificación en las Islas, realizado con especialistas en arquitectura bioclimática, clima y ecología.
Aparte de la experiencia del Parque Tecnológico de Tenerife, la Isla fue ejemplo sostenible en su día con Ten-Bel, en la Costa del Silencio (Arona). Tanto, que la ordenación del conjunto, a cargo de Javier Díaz-Llanos, Vicente Saavedra y Luis Cabrera, se destacó en el libro La arquitectura del Sol editado en 2003 por los colegios de arquitectos de Almería, Baleares, Canarias, Cataluña Granada, Málaga, Murcia y Valencia. Por desgracia, Ten-Bel es en la actualidad una caricatura del modelo que fue con chabolas en el entorno de la añorada piscina La Ballena y un estado general deplorable.
La Isla que queremos, presentada de un tiempo a esta parte bajo la pancarta de Canarias tiene un límite, sangra en muchos puntos calientes y no precisamente por la acción del turismo. Otro lugar infame es la vía de acceso al aeropuerto de Los Rodeos, cuyo arcén se ha convertido en un vertedero gracias a la hediondez de decenas de personas del país (como las papas) que estacionan ahí sus vehículos. Encima, el mal estado de los jardines y de las palmeras sin podar enmierda aún más la primera impresión que miles de visitantes reciben nada más aterrizar a la Afortunada. La ineptitud de Aena con Tenerife merece ya una reprobación urgente por parte de la Administración insular.
Se agradece que el cuidado de la bendita tierra guanche se maquille de vez en cuando con acciones puntuales, pero no es suficiente. Menos colorete.

