después del paréntesis

No me fastidies

El rumor de la conciencia siempre alcanza al principio de conexión con el proceder, con eso que ocurre a nuestro alrededor. De manera que alguna vez lanzas un suspiro al aire sin que venga a cuento. Me lo dijo un amigo hace unos días: “Abascal puede ganar las elecciones en España”. “¡No me jodas!”, fue la expresión. Me arrepentí. No porque mi amigo fuera de Vox y lo pudiera ofender. A pesar de todo, la democracia es la democracia, etc., etc.; al contrario, los dos compartimos posiciones ideológicas y son del otro lado. No por eso sino porque habrían de sacarse conclusiones. Si de ese modo ocurriera es que este país, de pocas votaciones a lo largo de la historia, que ha sido gobernado por la izquierda durante algún tiempo, ha perdido la perspectiva. Y salió el caso, claro: cómo es posible que el ejemplo de democracia de Occidente votara por Trump o que en Alemania se estén amarrando los pantalones. Ha ocurrido. ¿Por qué? Los fundamentalismos siempre están al alcance de la mano y en España hay una reserva franquista enquistada y en posiciones muy dignas (por ejemplo, en la justicia) que no se sabe dónde llegará, como ocurre en Madrid, cual es el caso. Eso, en el fondo, es el PP, que nunca ha sido un partido conservador de consecuencia. De ahí sus pactos y alegrías autonómicas y municipales y que espere el sustento debido en las generales; de ahí las diatribas contra el PSOE o los ataques directos a los allegados de Sánchez. Luego, puede ocurrir (acaso eso sí) que la mayoría de votantes del PP acudan a quienes de verdad los representan y Vox los pase por la derecha. ¿Ganar? Acuden a mi memoria las concisiones de la historia. Que el mundo es malo, alguno lo afirma, pero que en lo más profundo del hombre se encuentra la probidad como sustento eso nadie lo duda. Es decir, a no ser que ocurra una catástrofe, siempre lo razonable se impone, siempre hay esperanza. Si así no ocurriera los dichos resortes del juicio y de la lógica reflexión se descarriarían. El mundo andaría perdido y sin remedio. Porque ¿cómo acompañar en gobierno a partidos que en democracia cuestionan a la democracia, a los derechos particulares, a la inmigración, al cambio climático, a la laicidad del Estado y tantas cosas más? Dicho de otro modo, lo que define a los nacidos es lo contrario de lo que esos defienden; de ahí el caro EE.UU. de hoy, un presidente pacifista al frente, aunque ya veremos en que quedará Palestina y cuánto le costará la paz a Ucrania. Eso son. ¿A quienes convencerán? A los que encierra su malsano dictamen: cuanta más ignorancia, mejor. De manera que ante estas fauces aquella declaración de Borges que le costó el Nóbel, para el caso acaso resulte oportuna: “La democracia es un abuso de la estadística”. En buena lógica eso es Trump y eso sería Abascal. ¡No me fastidies!

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