Llama la atención que en los últimos meses la isla de Tenerife haya sido el escenario de numerosas redadas contra grupos criminales dedicados a la trata de mujeres con fines de explotación sexual. Ha sucedido principalmente en zonas de la capital, de Santa Cruz de Tenerife, pero también en los municipios de La Laguna, Arona y Puerto de la Cruz. El modus operandi de los detenidos, que supera la decena, solía ser el mismo: traían a mujeres de otros países con la promesa de conseguir un futuro mejor y, una vez en la Isla, les retiraban la documentación y las obligaban mediante coacción y amenaza a ejercer la prostitución, controlando cualquier atisbo de libertad.
Cabe recordar que la trata de seres humanos es un delito grave que atenta contra los derechos humanos. Es una forma de esclavitud que convierte al ser humano en una simple mercancía; en este caso, el cuerpo de la mujer y su sometimiento al placer de unos y al rédito de otros. Y, para más inri, es uno de los tres negocios ilícitos más lucrativos del mundo, junto al tráfico de drogas y armas.
Las mujeres víctimas de estos criminales ven cómo sus sueños y proyectos de vida caen como un castillo de naipes desde el momento en que ponen un pie en sus dependencias, que suelen ser discretos apartamentos que comparten rellano con la familia de funcionarios del primero y los adorables jubilados del tercero.
Lo sorprendente de estos casos es que en ninguno asoma ni un ápice de remordimiento en cada captura, violación o súplica, ya que han sido las propias víctimas las que milagrosamente han logrado escapar del infierno para denunciar los hechos ante las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Las investigaciones han destapado el calvario que estas mujeres soportaban día tras día, pero ni rastro de aquellos que pagan y alientan a los criminales, que secuestran a víctimas para lucrarse a su costa. A costa de su sufrimiento, su angustia y su tortura.
Ya está bien de apartar la mirada y hacer como si nada ocurriese porque sí, esos tipejos que entran y salen del edificio a altas horas de la madrugada podrían suponer el primer indicio de otro caso de esclavitud del siglo XXI.

