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Un idioma, una cultura y una fe

He venido a contar la historia de un pueblo y de su larga marcha hacia la libertad”. La líder indiscutible de Venezuela, María Corina Machado, puso en la boca de su hija, Ana Corina, su agradecimiento por el premio Nobel de la Paz y la tragedia de un pueblo con nueve millones de exiliados. Y ha proclamado, sin miedo, que “de España heredamos un idioma, una cultura y una fe, que se fusionan con nuestras raíces indígenas ancestrales”. Emotivo el acto de la entrega del premio, en Oslo, ante el rey Harald, que recogió la hija de Corina Machado, Ana Corina Sosa Machado, 34 años, ingeniera por la Universidad Simón Bolívar, con un certificado en Lengua y Política por el Instituto Católico de París y un master en Administración de Empresas por Harvard, que se desempeña actualmente como jefa de personal de Celonis, empresa norteamericana de desarrollo de software, después de trabajar como ingeniera senior para PriceWaterhouseCooper. Ella tampoco puede viajar a Venezuela. La ceremonia del Nobel ha dejado claro que a Maduro le quedan cuatro telediarios en el poder, que el narcorégimen se cae a plomo y que el refrendo mundial a María Corina Machado va a acelerar una intervención en Venezuela, ya sea contra el narcotráfico, ya sea contra la represión de un patán y de su banda de maleantes. Históricamente, existe un cordón umbilical que une Canarias con Venezuela, una tierra de acogida, como se reconoció en el discurso de la ausente galardonada, y una prolongación de estas islas, o al revés, que da igual. Fue un discurso bellísimo, lleno de mensajes y ausente totalmente de rencor hacia nadie, un testimonio verosímil de lo que está pasando allí y un canto de esperanza para un país que fue modelo de democracia y de libertad.

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