Una cosa alarma a las personas: el sentido del tiempo y la esencia del confín, de lo extremo, del umbral. Hay dos razones que, a lo largo de las épocas, los nacidos discutimos: que desaparezcamos para siempre o que se pueda apreciar el término de lo que existe. Las preguntas son evidentes, desde la religión a las concepciones más sumarias cual pensadores que somos: la inmortalidad, eso que el que se nombra Dios propaga. O la imposibilidad de entender que una línea tenga límite o que un número cierre a los números.
¿Cuál es el registro cimero de los mortales, donde concluye el ser y el más allá? Unos científicos del Reino Unido estudian el espacio profundo e interpretan la dicha durabilidad, la vida de nuestro planeta. Que nació, se formó a lo largo de millones de años, desde lo microscópico acuático dio con los hombres que piensan, analizan y estudian para comprender.
Eso ocurre: la tierra con vida por una estrella (sol) que nos hace orbitar, señalar los rumbos precisos en el firmamento y subsistir. Pero ocurre que la dicha estrella agotará su fulgor y lo que la rodea desaparecerá. Así sucederá, dicen. A medida que las estrellas envejecen complican el sistema en el que han resistido ellas y quienes las circundan. Es el punto de la muerte, explican, porque el sol atraerá hacia sí la materia que lo rodea y la devorará. Tal cosa deducen por aplicación fidedigna. Eso ocurrirá. Lo que duró el plazo que duró en acaecer, lo que propaga la maravilla que buscamos y no encontramos en otros lugares del cosmos tiene el tiempo designado. Porque eso acontece en el universo, eso se constata: el efecto sustancial de los procesos. Lo cual asigna valores contrapuestos a lo que construimos o disfrutamos. O lo que es lo mismo, si es cierto que un Big Bang generó el cosmos otro Big Bang lo acabará. El tiempo (que es enorme) en ello se parará. El hombre en su suprema gravedad perecerá con todo lo que ha generado.
Y generado en inmortalidad (sublime Schopenhauer): Iliada eterna, Hamlet eterno, Quijote eterno, Las Meninas eterna, El idiota eterno, Guernica eterno… Al punto, pues, el dilema. ¿Parar, no crear, no vivir, no disfrutar? Preguntas probas que atusan a la conciencia de todos. ¿El final proclama el final? Más aún, somos sujetos del límite. de la última frontera, del último suspiro. Pero siempre los hombres (por sobrevivir) le damos la vuelta a las cosas. Los dos bigbanes dichos, el que creó y el que cierra, se dan la vuelta. Es la conciencia cíclica: un nuevo Big Ban volverá a inaugurar. El universo en futuro. De nuevo el renacer, de nuevo hombres sobre la tierra para desplegarse como tales, incluso en pro del prodigio. Otra vez la Iliada, otra vez Quijote… ¿Eso ha ocurrido? Queda tiempo, aunque los científicos prueben que ello es lo que acaecerá.
