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Retener

Es curioso el significado que le dan al verbo retener tanto el que habita La Moncloa como el que pernocta en La Zarzuela. República y monarquía republicana se han puesto de acuerdo y han calificado de retención la estancia en el Helicoide y otras salas de tortura de los presos de Maduro, un puñado de los cuales han sido liberados, con condiciones (no hablar de su odisea es la primera de ellas). Dije que no iba a escribir sobre Venezuela y no lo voy a hacer. Pero un día va a conocerse toda la verdad, esto es lo único inevitable. Lo mejor de esta sociedad en la que vivimos es que los secretos salen a relucir, si no todos –porque sería imposible— sí la mayoría. Pero dejen que hable de Europa, ese continente decadente, desordenado y lleno de burocracia, donde los funcionarios se enriquecen sin pudor, que no ha sido capaz de montar un ejército en condiciones y cuya industria militar, que es muy buena, se encuentra casi detenida, nadie sabe por qué. Von der Leyen es una inútil al servicio de sí misma, un mal regalo que nos hizo la Merkel, que tenía pelos en los sobacos y sabía dar cuatro chillidos cuando era menester. Esta chiquita médica no tiene ni idea y sus colaboradores son más bien flojos. Un suponer: una cajera de supermercado puede llegar a ser eurodiputada, como ha sido el caso. Es decir, que la democracia ha tocado techo y se ha convertido, ni más ni menos, en lo que siempre decía Borges: “La democracia es un abuso de la estadística”. Estamos viviendo tiempos de zozobra y Europa se ha quedado muy vieja, frente a potencias más dinámicas y valientes. Dentro de la Unión hay divisiones, que inevitablemente acabarán con ella. Pobre de nosotros.