Uno de los motivos por los que ya no viajo es por el coñazo de los controles en los aeropuertos. Me contaba un pasajero airado que el viernes, en el aeropuerto del Sur, la cola para pasar el control de seguridad era de tal calibre que docenas de pasajeros perdieron sus vuelos. Encima, uno de ellos preguntó al único segurata de servicio que, agobiado, registraba los equipajes de los viajeros, si estaban en huelga de celo. Y el segurata amenazó con llamar a la Guardia Civil. “Pues que venga la Guardia Civil para volvérselo a preguntar”, respondió el cabreado usuario, que vio cómo su avión lo podía dejar en tierra. AENA es un desastre, porque no ofrece servicio, no cumple con su trabajo. Y es una pena que esto ocurra en un lugar como Tenerife, cuyos viajeros que llegan y se van lo primero que recuerdan de sus vacaciones son las abominables colas aeroportuarias. Ya lo decía el otro día el exgerente de Ashotel, Ricardo Fernández de la Puente, en una entrevista que publicó este periódico. Pero aquí vamos de mal en peor, esto parece ya un Estado fallido y vivimos peligrosamente un día tras otro porque me da la sensación de que no funciona nada. No sé ustedes, pero yo tengo la percepción de que henos dado, en cuanto a los servicios públicos, un terrible salto atrás. Un ciudadano europeo empadronado en Tenerife pasa un calvario para encontrar cita para la obtención del NIE (el DNI para los residentes). Sin embargo, a los que llegan en patera se los entregan sobre la marcha, según me contó uno de ellos, el gambiano Mohamed, el otro día, en el lugar donde trabaja. Todo esto parece una pesadilla, pero está ocurriendo. ¿Saben lo más cómodo?: hagan como yo, salgan de casa lo menos posible. Total, para lo que hay que ver.
