Una semana más, intento escribir algo con el propósito de evadirme de mis problemas de salud. ¿Qué puedo escribir que ustedes no sepan de las cosas del mundo actual? Sin embargo, tengo la duda de por qué estamos teniendo un invierno tan duro y de larga duración. ¿Puede ser por el cambio climático? Lo cierto es, que el invierno no ha sido nada generoso con muchos pueblos de Andalucía y Portugal. Ver llover y nevar son regalos de la vida, pero en su justa medida. Pienso que este invierno bien pudiera ser como un castigo de la naturaleza contra el ser humano. Es un aviso para que paremos por un momento y pensemos que no somos tan inteligentes como los científicos consideran que somos. Repito, es una opinión muy personal. Pienso, que por encima de nosotros hay una fuerza natural que puede tomar decisiones y demostrar que las leyes naturales existen. Sin duda, entiendo que las leyes del universo cuando se ven acosadas por la ambición depredadora del ser humano actúan de inmediato. Ojala todo esto sirva de lección para que el ser humano sea más respetuoso con la madre naturaleza. De la misma manera, mucha pena me da ver cómo miles de familias han sido evacuadas de sus casas, muchas de ellas han sido destruidas por la furia del agua, las crecidas de los ríos, vientos furiosos y nieve en grandes cantidades. Así pues, reconstruyamos lo que ahora es agua, fango y nieve. La vida sigue y no hay que perder la esperanza, aunque intento comprender el dolor de perder una vivienda. También es importante que no haya habido víctimas, dando las gracias a la Guardia Civil, vecinos voluntarios y funcionarios de las Fuerzas del Orden Público. Las borrascas Kristin y Marta ya se han alejado de la Península Ibérica, dejando unas huellas naturales difícil de olvidar. Mientras tanto, los políticos lo único que han hecho es hablar mucho, pero ninguno ha sido capaz de coger una pala o un cubo para ayudar a achicar agua en las viviendas afectadas.
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