A Ricardo (Melchior) le llegó a los 78 años. En la prórroga se está más cerca. Antes, en el tiempo reglamentario, el tránsito puede llegar en cualquier momento. Lo sabía Ricardo que escapó de dos accidentes de circulación y de un mal trago en aguas de Fuerteventura en donde casi se ahoga. Tenía la mosca detrás de la oreja y por eso, nada más ocupar el despacho presidencial en el Cabildo de Tenerife, cambió la mesa de sitio. La ubicación del mueble le daba mala espina tras el fatal diagnóstico al anterior inquilino, Adán Martín. Cosas del Feng shui, del péndulo o de las radiaciones. Vaya usted a saber. El caso es que un inoportuno revés cardial truncó la sintaxis de sus días. Las barras de pan del mercado del Cristo, el crujir del parqué y las sirenas salientes del Muelle de Ribera dejaron de repicar en sus experimentados y sabios oídos. Y cansados, también, de tanta osada estupidez. Ahora no es lo mismo. Ahora el Guerrero de Goslar no alumbra. La viscosa mosca blanca está en todas partes.
Murió el expolítico que no perdía comba con el grupo del Garito: Dieter Ahlers, Francisco Carnero, Pipo Conejo, José Isidoro García, los hermanos Francisco y Jorge Menéndez, Ricardo Reyero y Jorge Zurita… Los vivos del bollo todavía pesan más que los del otro lado: Carlos Arozena, Maxi Nágele, Chomi Urquiza y el novato Richi.
A los amigos en torno a Doña Sixta (la furgoneta) que jugaban al fútbol, al picabú…, que de pibes acampaban en el Porís de Abona y devoraban los berberechos del Numancia, se les ha ido el apreciado político, el cabildista, el mago por San Benito… Uno menos en la próxima parada de El Peñón.
Hace semanas que la tierra de Tenerife huele a verde, de Teno a Rasca, de Abona a Anaga. Y a piedra chasnera, picón, basalto, callao y nieve del Teide. Hace frío, aunque el Sol caliente la Montaña Roja de El Médano y la laurisilva de Las Mercedes. A Melchior le querían aquí y allá. En los guachinches, en La Baranda, en casas consistoriales, en las bioclimáticas del Instituto Tecnológico y de Energías Renovables, y en las coladas del Involcán. Las galerías de Tenerife colman lágrimas telúricas y las atarjeas corren caudalosas. Toca dormir a pierna suelta junto al Chinyero en el caserío de Los Partidos. Kilómetro cero pa yantar y belleza a borbotones. Ya nos contarás, mi niño.
Nivaria en la cabeza y un tranvía que es modelo. El ingeniero formado en San Sebastián y Aquisgrán celebró recientemente los veinticinco millones de personas a bordo, la máxima demanda alcanzada desde su inauguración en 2007. Con el cierre de 2025, el Tranvía de Tenerife alcanzó una cifra acumulada de cerca de trescientos millones de transeúntes en dieciocho años de servicio. Jubilosa mayoría de edad que celebró Ricardo Melchior, profeta en la Isla y sus demonios, al igual que lo fue José Miguel Galván Bello con la TF-1. La movilidad sostenible en nuestro territorio frágil pasa, en la actualidad, por los trenes al Sur y al Norte. Y Rosa Dávila, que es melchiorista, lo sabe. Objetivo 2028. De igual forma, la presidenta debe actuar sin dilación contra la incomprensible apatía de Aena hacia los dos aeropuertos tinerfeños. La terminal de la vergüenza del Reina Sofía clama al cielo.
Visiones honestas y responsables para el futuro desde el maltratado ejercicio de la política han asentado senda en medio del ruido. Vale lo vivido en el vaivén de las olas, en la normalidad de lo normal, en el ánimo que impulsa a volver a ponerse en pie y hacer la compra. En el Palacio insular hay una lista escrita y la memoria no falla. Gracias, Ricardo.

