Hace casi 30 años que se lanzó el Horcon boys, de Arístides Moreno, un adelantado a los Bad Bunny de ahora, pero con muchísimo más talento. Me gustaba lo de estoy rumbriento y ferrugiento y ahora lo recupero como un estado de ánimo necesario que alguien, sin saber por qué, me obliga a padecer. Estar rumbriento es estar obsoleto, oxidado y casi inservible, y ese es el panorama que observo a poco que desparrame la vista por lo que me rodea. He escuchado las palabras de Felipe González en el Senado y he visto a todos los ferrujientos arropando al rey Felipe VI mientras el expresidente González hacía el reconocimiento de su padre. Habló de Manuel García Pelayo, el primer presidente del Tribunal Constitucional, designado en el mandato de Adolfo Suárez, mientras el actual, Conde Pumpido, escoltaba al monarca actual en la ausencia de su mentor Pedro Sánchez. Al acto había mandado a una especie de ministro de jornada, papel que habitualmente recae en Planas, que parece el miembro del Gobierno con menos mordiente. Se refirió a Carlos Andrés Pérez y de cómo le advirtió de un golpe de Estado en Venezuela. También mandó su pildorazo contra la solicitud de levantar las sanciones a Delcy Rodríguez. Felipe es claro en lo que dice, ahora con una falta de cuidado para no ser repetitivo -eso nos pasa a todos con la edad-, pero aprovecha una breve afirmación para demostrar que todavía es capaz de mostrar su mordacidad. Ha estado elegante en la polémica que mantiene con los compañeros de partido que lo desprecian, pero siguiendo la norma de que no hay mayor desprecio que la falta de aprecio. Mi impresión es que ha salido a reivindicar la transición, algo que ahora se encuentra en crisis, y lo ha hecho en la figura de sus protagonistas, que encabeza, como no, Juan Carlos I. Un año después ganaba las elecciones por mayoría absoluta, consolidando el proyecto que apoyaban la inmensa mayoría de los ciudadans y dando a España el período más largo de estabilidad y desarrollo. La ETA no dejó de matar y hoy sus herederos son los escuderos del que intenta emularlo en la Moncloa, como si se tratara del ranking del tenis, a ver quién se retira más tarde y llena la vitrina de copas. Me ha gustado ese Felipe de pelo blanco, hablando como un patriarca, desde la sabiduría de un veterano. Felipe tiene mi edad. Todavía no estamos para quitar, como diría mi querido Arturo Maccanti. Ayer estuvo por aquí Susan Sarandon, que viene a los Goya. Ha dicho que Pedro Sánchez es muy guapo y está en el lado correcto de la historia. Es decir, no está rumbriento como los demás. Qué quiere decir esto. En boca de una activista significa que la bondad está solamente en una parte, el resto e condenable. Esta forma de entender la democracia es muy parcial y sectaria. Cada uno busca el padrinazgo que puede encontrar, y en el mundo del cine todos están subvencionados para aplaudir y regalarle los oídos al que les paga, aunque hace unos días escuché a un profesional que tuvo que poner a su mujer a cargo de la producción para cumplir con la paridad. Hoy publica El País que los obispos dicen que Vox añora el franquismo y Abascal es un xenófobo. Tal cual. Los conejos contra las escopetas. El clero debe haberse dado cuenta de la operación urdida para hacer crecer a los ultras y reacciona de esa manera. De todas formas sigo añorando el Horcon boys. Lo de ahora me parecen vómitos nauseabundos, a pesar de que estemos rumbrientos y ferrujientos.
