El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, trasladó ayer que la posición de España en el conflicto de Estados Unidos e Israel contra Irán es “No a la guerra” y asegura que no teme las “represalias” por mantener esta postura. Rescata así el célebre eslogan esgrimido en España de forma mayoritaria (casi el 90% de la población) con motivo de la guerra de Irak de 2003, apoyada por Aznar (PP) y Blair (Gran Bretaña) e impulsada por George Bush hijo, si bien luego fracasó el intento de democratrizar el país, costó unas 750.000 vidas iraquíes y derivó en venganzas terroristas como las del atentado yihadista del 11M, atribuido por el Gobierno de Aznar y los conservadores españoles a ETA.
En una declaración institucional desde La Moncloa, Sánchez comparó precisamente este conflicto de ahora, ilegal, sin aval de la ONU y sin pasar ni siquiera por el Congreso de EE.UU., con esa guerra de Irak. El presidente español alerta de las consecuencias negativas que trajo para la vida de los ciudadanos lo ocurrido en 2003: “El mundo, Europa y España ya han estado aquí antes”, remarcó.
Aunque reiteró su rechazo al “terrible” régimen de los ayatolás en Irán, subraya que “no se puede responder a una ilegalidad con otra” y, por tanto, llama al cese de las hostilidades y a una solución diplomática.
La postura de Sánchez contrasta por completo con la del líder de la oposición, el conservador Alberto Núñez Feijóo, que ayer llegó a decir que España había declarado país no grato a EE.UU., algo que el presidente nunca ha hecho, y que la posición del Gobierno perjudica a España “por un puñado de votos”. Más allá se colocó, de nuevo, la presidenta de Madrid, Díaz Ayuso, quien dijo que Sánchez quiere arruinar al país, mientras que Abascal (Vox), en su línea, dijo que sigue órdenes del régimen iraní sobre las bases.
Después de que Trump amenazase a España con un embargo comercial por no ceder esas bases de Rota y Morón, Sánchez se reafirmó señalando que no van a ser “cómplices” de algo que es “malo para el mundo, simplemente por el miedo a las represalias”. “Porque tenemos una confianza absoluta en la fortaleza económica, institucional y también moral de nuestro país. Y porque en momentos como éste nos sentimos más orgullosos que nunca de ser españoles”.
En una intervención de unos 20 minutos sin medios, defendió que la posición de su Gobierno es “clara y consistente” e igual a la que mantiene en otros conflictos, como el de Ucrania y Gaza. “No a la quiebra de un derecho internacional que nos protege a todos, especialmente a los más indefensos, a la población civil. En segundo lugar, no a asumir que el mundo solo puede resolver sus problemas a base de bombas y, finalmente, no a repetir los errores del pasado. En definitiva, la posición de España se resume en cuatro palabras: no a la guerra”, subrayó, recuperando el lema de 2003 y 2004.
EL TRÍO DE LAS AZORES
El jefe del Ejecutivo señaló que, hace 23 años, Bush “nos arrastró a una guerra en Oriente Medio”. En teoría, dice, comenzó para eliminar las armas de destrucción masiva, llevar la democracia al país y garantizar la seguridad global, pero “produjo el efecto contrario: desencadenó la mayor oleada de inseguridad en Europa desde la caída del muro de Berlín, generó un aumento drástico del terrorismo yihadista, una crisis migratoria en el Mediterráneo oriental y un incremento generalizado de los precios de la energía y, por tanto, del coste de la vida. “Ese fue el regalo del trío de las Azores”.







