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puerto de la cruz

El mural de Punta Brava se reinventa: “Es el primero de Puerto de la Cruz y el que ha creado un poco de historia”

El artista Salvatore Cibelli restaura la exuberante platanera y le añade un almacén de pescadores con una embarcación para paliar los daños que sufrió su obra por la remodelación de la calle Tegueste

El artista Salvatore Cibelli no solo restaura sino que también ha decidido transformar su propia obra, creada en el año 2009. Sergio Méndez

El mural de Punta Brava, creado en 2009 por el artista italiano Salvatore Cibelli, es la primera obra de arte urbano a gran escala en el Puerto de la Cruz. Su nacimiento precedió por cinco años al ambicioso proyecto del Consorcio Urbanístico para la Rehabilitación del municipio que, en 2014 y junto a las áreas de Cultura y Urbanismo, transformó el barrio de La Ranilla en un museo al aire libre.

Sin embargo, el origen de la pieza de Punta Brava es más significativa y tiene un sentido comunitario porque nació de la iniciativa y el consenso de los vecinos de este núcleo.

Se ubica en la fachada de la emblemática casa de Doña Carmen, una mujer que todos recuerdan con cariño porque hacía helados y los repartía a través de sus ventanas. Tras su fallecimiento, el muro quedó vacío y el espacio comenzó a degradarse, convirtiéndose en un basurero, donde además se tiraban muebles y enseres. Ante este abandono, los residentes -conocedores del talento de Salvatore Cibelli- le pidieron que interviniera el rincón para devolverle la dignidad al barrio.

Con el apoyo de la entonces alcaldesa, Lola Padrón, quien facilitó los materiales y el andamiaje necesario, Cibelli regaló su arte a los vecinos dando, al mismo tiempo, un ejemplo de participación ciudadana.

El motivo central de la pintura, una exuberante platanera, fue propuesto principalmente por las personas mayores, quienes argumentaron que antiguamente en esa zona predominaba ese tipo de cultivos. ‘La platanera’ sigue siendo el nombre con el que se lo conoce en la actualidad.

El mural de Punta Brava, de Cibelli, fue la primera obra de arte urbano de gran formato que se realizó en Puerto de la Cruz, en 2009. | DA

Allí había gente de manera permanente. No solo era un lugar de reunión de los vecinos, que se sentaban a dialogar y ver el mar en dos bancos pintados de color verde, sino también un atractivo turístico para los visitantes que no dudaban en hacerse fotos con la platanera de fondo.

Salvatore logró integrar la pintura con el entorno de forma magistral, haciendo coincidir la línea del horizonte del mar con la del mural, creando una ilusión de continuidad entre el paisaje real y el lienzo de cemento.

Debido al salitre y la humedad, el mural necesita una restauración y retoques, por lo menos, dos veces al año. “Es una responsabilidad mía conservarlo”, sostiene.

Un cuidado que asumió sin inconvenientes hasta 2015, cuando se vio interrumpido por el hundimiento de parte de la calle Tegueste. Los últimos trabajos que realizó fueron en 2018 ya que posteriormente se planificaron diversas acciones en el barrio hasta que en 2022 se inició una reforma integral del paseo marítimo -finalizada en julio de 2024- y el acceso al muro fue imposible durante años.

Obras en la calle Tegueste

El deterioro no solo fue climático. Cibelli lamenta que, durante las obras de remodelación de la citada vía, se instalaran cabinas eléctricas directamente sobre la pintura, ignorando su valor artístico y vecinal. “Se ejecutaron los trabajos como si el mural no existiera y lo estropearon casi por completo”, precisa el artista. Las lluvias de este año terminaron por rematar ese deterioro.

Confiesa que en su momento “se enfadó bastante” porque además, “no me preguntaron y tampoco a los vecinos”. Hasta hace unos meses “le daba un poco igual que se cayera el mural”, pero fueron éstos quienes le devolvieron la motivación al pedirle que lo restaurara. “Invéntate algo”, le decían cuando lo veían por la calle.

Cibelli, que preside la asociación Ekoarte, decidió reinventar su propia obra transformando la parte de la caja eléctrica en un almacén de pescadores con una embarcación, manteniendo la platanera como eje central y respetando la perspectiva original que funde el muro con el horizonte.

Tras haber arreglado grietas y recuperado gran parte del dibujo subido a una escalera, Cibelli se enfrenta ahora a un nuevo obstáculo. Necesita un andamio para alcanzar los niveles superiores del enfoscado, situados a más de cinco metros, una altura superior a la del mural original.

“Le he pedido al Ayuntamiento que me lo facilite para poder trabajar con seguridad, con cinturón y casco”, apunta. Ello también le permitiría recuperar los mensajes que tiene inscrito el mural.

Andamio

Las áreas de Servicios Generales y Participación Ciudadana han recibido su petición e intentarán facilitarle un andamio para cumplir con su deseo porque es también el de todos los vecinos y vecinas de Punta Brava.

“No es un mural extraordinario pero es el primero del Puerto de la Cruz y el que ha creado un poco de historia, y por eso la gente le tiene cariño”, subraya el artista.

Su “lucha” por mantener este mural no es solo por la pintura, sino por preservar el alma de un barrio y recordar que el arte urbano, cuando nace del corazón de los vecinos, se convierte en el patrimonio emocional de toda una comunidad.

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