tribuna

Notas de fe

Estos días me gusta salir a la calle, en mi ciudad, porque observo algo que se repite en pequeños gestos, en miradas, en silencios: notas de fe. En La Laguna, la Semana Santa tiene mucho arraigo. El Jueves Santo nos reunimos amigos para salir a ver los monumentos en las iglesias y, después, cenar. Es casi una costumbre. Una excusa para compartir, para escuchar lo que cada uno siente, para estar. Durante esos días hay algo que cambia, como si todo bajara un poco el ritmo y se mirara hacia dentro. Lo observo desde otro lugar, con respeto. Sobre todo por quienes tengo cerca y la viven, porque, cuando la fe es sincera, se reconoce. No necesita explicaciones ni discursos. Está en la forma en que alguien vive, en cómo se relaciona con los demás, en cómo se sostiene incluso cuando las cosas no son fáciles. En esos momentos en los que veo a gente de fe, pienso en tía Ángeles. He dicho muchas veces que, si alguien representa para mí la fe, es ella: de esas personas que suman sin hacer ruido, que están pendientes de los demás, que siempre parecen tener tiempo para quien lo necesita. En ella la fe no es un discurso. Está presente, pero no invade. No impone, no necesita convencer. Es su forma de estar. Su firma de vida. Es ahí donde empiezo a entender algo. Porque, más allá de las procesiones o de los rituales, la fe no siempre tiene que ver con lo religioso. A veces es algo más sencillo y más profundo a la vez: confiar, sostenerse, seguir adelante incluso cuando no todo encaja. Hay muchas maneras de vivir la fe. Distintos nombres, distintos caminos, distintas formas de buscar sentido. Hay quien la encuentra en lo divino. Otros la colocan en las personas, en los vínculos, en lo cotidiano que se repite y nos ancla: en una conversación, en una mirada, en la certeza -a veces frágil- de que alguien está. También hay quien, en algún momento, deja de mirarla como antes… y, aun así, sigue buscando dónde apoyarse. Quizá por eso, cuando todo pasa y las calles vuelven a su ritmo, algo permanece: las personas. Porque, cuando todo queda atrás, es ahí donde se reconoce, en cómo alguien está, en cómo acompaña, en cómo sostiene. Esa forma de estar en el mundo que no necesita decirse. En el fondo, de eso estaban hechas todas esas notas.

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