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¡Atrevidos!

Uno tiene que aguantar de vez en cuando a cierta gente, sobre todo a los mediocres. Conmigo se meten cada vez menos, porque ahora ostento la condición de viejo carrucho y ya no les vale la pena. El último que opina de mi insensata trayectoria, en Internet, según me cuentan porque yo no utilizo redes, es un tal Rafael-José Díaz, un pájaro chogüí -en la exclusiva acepción de ave tropical-, propuesto para el Nobel de Literatura por la Academia Sueca, pero sin éxito a pesar de la profundidad perturbadora de su poesía rancia. Me dice, más o menos, que yo soy al periodismo lo que Pepe Benavente a la música y nos ha hecho un favor, al menos a mí, porque Pepe Benavente es un grandísimo cantante, al que admiro, además de un amigo. Todo viene a cuento -aunque no venga a cuento- de que la tienen tomada estos sujetos de su cuerda con José Carlos Acha, que es una excelente persona y un tipo decente, y no les gusta que entreguen la Medalla de Oro de Tenerife a Alberto Vázquez Figueroa, que ha vendido varios millones de ejemplares de sus novelas, algunas muy buenas. Pero no entiendo qué coño pinto yo en la ecuación, en la que también incluye a Alejandro Tosco, otro artista que no se mete con nadie. No sé quién es ese Rafael-José, ni falta que me hace, pero a lo mejor le busco sus plumas de colores, le hago un retrato al óleo y se lo regalo. A mí que me dejen tranquilo, disfrutando de mi vejez productiva, que no la cambio por nada. Aquí existe una intelectualidad falsa -siempre son los mismos-, que se cree legitimada para cuestionar a los demás, sin ton ni son. Me resultan patéticos. Se trata de gente frustrada que vomita sobre el prójimo, al menos en mi caso sin ni siquiera conocerme. ¡Atrevidos!

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