tribuna

El crucero

Ayer salió el inefable doctor Simón para decir que no hay riesgo de contagio de hantavirus en España. Un poco antes, el presidente Clavijo fue entrevistado en una cadena de televisión y dijo que, después de haber hablado con la ministra de Sanidad, el crucero donde se han detectado los primeros casos irá a Países Bajos, el lugar de bandera del buque. Más tarde, desde el Estado se manifiesta que al valorar criterios técnicos con la OMS, el ministerio decide que se dirija a Tenerife, por ser el puerto más cercano, a la vista de la negativa de Cabo Verde. Me imaginó que la decisión se ha tomado sobre un mapa, con un compás y un sextante, sin contar con la opinión de Regorito. Un periodista de investigación que está de moda demostró su ignorancia al decir que se garantizada la protección de la población española en Canarias, como si en este territorio hubiera otra población, y demostrando la existencia de esa sensación colonial que se tiene de la ultraperificidad, como si no fuera suficiente con tener una hora menos. Parece que somos como las regiones DOM de la Francia extracontinental. Más tarde se tienen noticias de que el virus es de los peores, tras analizar el caso de dos desembarcados en Sudáfrica. El presidente Clavijo ha mostrado su protesta y se niega a que esta escala se produzca hasta mantener una reunión urgente con el presidente Sánchez. La cosa no pinta nada bien. Pronto aparecerán las acusaciones de insolidaridad, pero aquí estamos cansados de soportar la de los otros, sean del color que sean, en el caso de la inmigración incontrolada. Canarias está lejos de España, y para muchos es un apéndice destinado a venir de vacaciones y antes para comprarse algo con el beneficio del puerto franco. Mientras estemos a 3.000 kilómetros los problemas se ven de lejos y no afectan. Por eso el doctor Simón, que no acierta ni en las suertes sencillas del casino, dice que en España no existe riesgo, sin decirnos a qué España se refiere. Esta cuestión es de difícil solución y se habla de aplicar el derecho internacional, como en el no a la guerra. Habría que saber cuál sería la reacción de Holanda si le hubiera tocado recibir al barco. La cuestión es que el barco pasaba por aquí, igual que el Prestige por las costas gallegas y miren la que se montó por el vertido. No tengo ninguna esperanza en que haya rectificación. Habrá una crisis de opinión y se desatarán las alarmas al compás de la voz ronca de Simón, que en idioma castellano es símil de simple o de tonto. Por algo el apóstol, que luego fue el jefe de la Iglesia, se lo cambió por el de Pedro. Ante esto no cabe otra que mostrar nuestra disposición altruista y hospitalaria y acoger a los cruceristas y a la tripulación, ya bastante acongojados, para que cumplan aquí su cuarentena. No nos servirá de mucho, pero será una ocasión más para demostrar la nobleza de un pueblo. Todos los demás quedarán como lo que son. Ese es nuestro consuelo. La dignidad es siempre el refugio de los perdedores.

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