
Santa Cruz de Tenerife está guapa estos días de mayo. Más que de costumbre. La Capital hace honor a su puesto principal para recibir a población de toda la Isla. Incluso a quienes enarbolan la bandera negra y gualda de la Peña San Benito. Ahora, además, recién recuperada la categoría de plata del fútbol español retoma ínfulas perdidas. El azul y blanco ocupa de nuevo la calzada y rivaliza con la indumentaria tradicional que tanto cuidan Efraín Medina y Natanael Padrón. El opio del pueblo y las tradiciones se dan la mano con el Riquirraca y la folía.
Próximo al Chicharro aliviamos apetencias con los dulces de Isidra Dorta. Viene de Vilaflor y trae mantecados, tortas chasneras, galletas de nata, truchas, pastel de calabaza… Vende de igual manera en el Parque García Sanabria cerca de Juana, repostera artesanal que llega de El Tanque. Nos chupamos los dedos con su tarta de zanahoria y coco.
Huele a chocolate entre los laureles de Indias. El aroma ha bajado de la fábrica de La Laguna envuelto en lava. Antes, de niño, compraba chocolate La Candelaria junto a la fuente de Isabel II, en la venta de Pepe Centeno (El Pastilla). Tía Lici acaba de cumplir noventa y Tei, sesenta. Brindo por la gente querida con un licor de esos caseros de Remedios Alegría. Son de Buenavista del Norte y bien saben a castaña, pomelo, parchita, mora, café, gofio… Cae un chupito del último. Toca reivindicar lo vernáculo, sacar pecho como lo hacía el mencey Beneharo en la laurisilva del monte de Anaga. Lucha para que nadie te tumbe.
Qué bonito está el Parque con La Tetuda de Borges Salas mojada por chorros de agua y perfumada ricamente gracias a los aceites esenciales de infinitas flores. Geranios de Valle de Guerra, taguetes, begonias, pericos, petunias, suculentas y cactus brotan del mar y del basalto, como las islas del Pasodoble. Me fumaría un puro hecho a mano de La Patrona con vitola de plantas de colores. Me fumaría un puro tranquilo a la sombra del Tamarindo, lejos del barullo de Gorgorito. Qué goles aquellos que cantaban Willy García y Xuáncar en Radio Club Tenerife.
La reina Elisa (García Arteaga) viste el traje típico de Mujer de Fuerteventura. Es la primera vez en la historia de las Fiestas fundacionales que su majestad luce un traje majorero. Es lo que tiene Santa Cruz, Nivaria y el Teide: siempre pendientes del resto de hermanas, incluso de la tercera, la que canta pío, pío y enarbola azul y amarillo. La joven monarca presidió el baile en torno a la iglesia matriz de La Concepción. Guitarras, timples, chácaras y otros instrumentos de percusión con piel de cabra iluminaron la Farola del Mar. El sábado por la noche, a Dios gracias, no hubo reguetón que enervase a pacientes estrellas y destemplase a fulas y pejes verdes. Si acaso, Pepe Benavante.
María aprovecha la Feria y me regala el libro Sin palmeras no hay paraíso con textos de Pablo Estévez, María Tomé Nuez y Carmelo Vega, una canción de Arico y fotografías que saboreas despacio. La publicación refleja la exotización del Archipiélago canario. ¿Qué tienen las palmeras que no tengan otras plantas? ¿Qué sentimientos despiertan en la sociedad? ¿En qué momento se establece un concepto común sobre ellas? Gracias, hija querida, por descubrirme que las bellas perspectivas de las palmeras, las que advirtió Viera y Clavijo, también “esconden nuestras porquerías”. Luego, Liti García-Ramos muestra su afecto con La memoria inmune, páginas que recogen las memorias líricas inconclusas (Cuando la yerba era verde) que escribió su padre, Alfonso, entre 1978 y 1979.
“Mi calle fue una calle con sombra y con poco tráfico en la que podía jugar a cualquier hora…”. Gracias, Liti.
